VERR VOLVER

Posiblemente tuviera dudas acerca de lo atinado de contar  historias, pero era y siempre había sido para ella, ver volver.
El alma que hablar puede con los ojos,
también puede besar con la mirada, Bécquer. La foto de CARLA PASTOR


Algunas personas caminaban deprisa, alguien en algún lugar, reía; dejó que su mente vagara, pensaba en la última vez que estuvo con aquel muchacho, el día que supo que se iría y jamás regresaría.
Le imploró, por lealtad hacia el pasado,  que fuera prudente en los comentarios. Alegó, que ya que él no le inspiraba ese sentimiento imperecedero, no se lo contara al mundo. Y  ella, casi lo hizo. Casi.
Sensaciones resurgían con una claridad que la dejaban asombrada, con tanta nitidez como si el tiempo no hubiera pasado. Tras los primeros y tímidos recuerdos siguieron conversaciones enteras, palabra por palabra, con sus más mínimos matices.

Lo quería, de eso no cabía duda, pero no podía vivir allí. Era un pueblo con mar, maravilloso sitio sin pretensiones. Y aunque la cultura cada vez habitaba más en todos lados,  en los ochenta  la cuestión no estaba  tan clara, habida cuenta que  el dinero escaseaba, las ideas eran un hervidero, y la juventud les rebosaba hasta del intelecto, sobre todo por  el intelecto. Se paró a esperar.
Además su padre le pedía que no dejase de viajar, que viera el mundo. Le sugirió que leyera un poco todos los días, que reflexionara sobre lo que había leído y sobre todo,  lo que había sentido.  Cada vez que llegara a un lugar desconocido, averiguaría su historia y el cómo se había trasformado en lo que ahora era.
Pensaba que allí, tan alejada del mundanal ruido, la tarea sería difícil  y  le faltarían alicientes. El cine, el teatro, la moda, y la vida social serían escasos y asfixiantes. Entrañable, genuino, mágico, pero  aislado. Por Dios, no sabía lo que quería.
Se le erizaba la piel recordando la época  que pasó deliberando si lo dejaría todo por él. No habría sido una mala decisión, al menos no parecía totalmente descabellada. De hecho en esos días de incertidumbre, de no saber dónde quería ubicar el alma, el ir a vivir a su lado  parecía  una opción tan válida como el no hacerlo. Además por aquel entonces los sutiles matices que intervenían en la atracción entre un hombre y una mujer eran algo próximo, fácil de vivir, normal y captable  para ambos.

Resultaba seductor. Despertaría los días de invierno escuchando rugir el mar. Le gustaba imaginar su cara, entre  las mantas cálidas y  revueltas, con aquellos dulces ojitos azules mirándola cada mañana. Le enternecía imaginarse rodeada de niños con los mismos ojos chispeantes. Pero ella era un gusto adquirido, y a pesar de que sus raíces estuvieran plantadas en el mismo suelo, la inquietud  del mundo ya había entrado en su universo y le había dejado una impronta difícil de sortear.
Pensó en ignorar todas las huellas menos la de él; pensó en obviar las diferencias; barajó hacerse a la mar en aquella aventura. Aunque no debía de ser el tiempo, porque faltaban años de comunicaciones, de experiencias, de compras a la carta, de calefacción central,  de jornadas de teatro en el Infanta Isabel  con aquel Los ochenta son nuestros escrita por Ana Diosdado   y estrenada un diez de enero con música de Teddy Bautista.

Y es que para acceder a aquel, su lugar paradisíaco, debía de peregrinar casi tres horas por carreteras  enroscadas  entre  montañas,  y no podía evitar  las comparaciones cuando, llegando  a la calle Barquillo, muy cerca de Gran Vía y  avistando el teatro, le habían entrado intenciones de profundizar en la vida del tal José Espeliús, un arquitecto que supo armonizar elementos modernistas con  neomudéjares  y,  a pesar de que a ella nunca le gustaría nada que atentase contra la vida animal, la había impresionado con la Plaza de Toros de las Ventas.
Creía que no debía de negarse estas facetas de la vida. Ni  aquellos  fines de semana que se escapaba a  París. Ni escuchar una misa góspel. No, definitivamente, no era su momento. Y aunque la música que él le susurraba  paseando por el Campo de la Atalaya adormecía los sentidos, su corazón no atinó a decidirse.
Sin consultarse, pusieron los  zapatos primero, después los abrigos y  bajaron. Aquel número tres quedó oscuro y sombrío a sus espaldas, custodiando un  montón de inquietudes de los jóvenes  y con el abuelo sentado en la penumbra del salón.  No pensaron. Salieron juntos y se dejaron envolver por el aire frío de la noche. Pararon frente al acantilado sintiéndose más amantes que nunca, más unidos que jamás. El chico tenía  los ojos cerrados y agarró su mano. No podía entender  porque  se iba.
 En ese momento, tampoco ella lo sabía.
Los problemas no se resolvían gracias a un conjunto de coincidencias, aquel  no. Los problemas se resolvían tomando decisiones. La una lo intuía y él  otro había creído que ella era una doctrinaria. Pero ambos llevaban razón. Decidir no cambiar nada, también era una decisión. Ahora lo habían entendido.

El paso de los años los colocó en lugares diferentes del planeta  pero siempre compartieron un trozo  mudo de corazón.
Nunca, hasta hoy, se habían vuelto a encontrar.


Cuando vuelvo los ojos, amor, ¿qué quieres? si no quieres nada,
Y la sombra de mi figura queda  asida a tu presencia,
Contemplando
Como un rictus de soledad, rompe en la sonrisa que, brota de tu corazón.
Jose Fernández  INBQ





AMORES FANTASMAS

Como decía Cortázar, pobre del amor que del pensamiento se alimenta, y sucedió que te había
Que una imagen trasmita a la vez ingenuidad y belleza
es un efecto  que me cautiva sobre manera . Foto de Nacho Aguado
buscado en un millón de amaneceres y lo que podía parecer un atrevimiento era puro sentimiento. Por ello desde que la habías dejado, no sabía si era peor el amor irreal que había perdido; el amigo ficticio con el que no volvería  a charlar; la angustia del abandono, o las ganas de arrancarte la cabeza.
Pero claro, era imprescindible que hicieras tu voluntad y respetaras tu sentir, amado príncipe. Ella había evolucionado de imputada a inculpada y ahora las circunstancias la obligaban a cerrar aquella puerta. Pensó que era un buen momento,  habías hablado para dejarla sola con sus palabras, por fin se había hecho realidad, tanto darle vueltas a tus silencios los había convertido en ídolos de barro. A ella que se creía tan especial, tan diferente y  tan sensible, la habías dejado.
Y si se paraba a pensar, la vida estaba plagada de despedidas. Algunas de gente que te quiere y se va para siempre; otras de gente que se va de tu lado porque no te quiere lo suficiente. Unas las haces y otras te las hacen, corroborando que,  lo único seguro es el cambio.

Coleccionaba  momentos y recordaba más tus silencios que tus ruidos por eso sabía que era engañarse, seleccionar de forma sesgada la realidad. El  hecho de que te hubieses manifestado, para no decir nada más que lo que ya estaba claro, supuso un desencanto en su fantasía y a los cuatro años exactos, tú, descendiste a los infiernos.
Perdiste todo el glamur y toda la categoría para convertirte en un vulgar hombre rico, engreído, falto de educación, con una comprensión selectiva y escarchada. Pobre hombre rico, que lejos quedas de aquel ensueño  en el que te habían colocado. Podría decirse que hasta das pena. Pareces, despojado de su entelequia, físicamente exiguo, tan poquita cosa, tan aburrido, tan predecible y sórdido que no serás nada sin esa pátina de embrujo.

Enfangado en realidad, ahí te quedas,  putrefacto de prepotencia y destilando estupidez. Un personaje de semejante catadura no estaba a la altura de sensibilidades como la suya. Que Dios se apiadase de tus restos y con esto quedaba cerrado el ciclo litúrgico  y monocromático de una devoción.
Has sido un paréntesis mágico que le puso el corazón al borde del alma y ella había venido, de pronto, a fecundar tu tiempo. Y aunque afuera el mundo rugiera o se adormeciese; los hombres viviesen o muriesen; unos amores pereciesen, naciesen otros, aun así, estamos todos imbuidos en ese ruido que agita la existencia humana, por eso, debes de tener claro que como ella te ha querido, desengáñate, así no te querrán.
Se agitaba ante tu imagen bloqueando su comunicación mientras una vanidad ilusoria, una sed de dominación y unas irrefrenables ganas de hacerte tragar tus sentimientos pueriles, la acongojaban. El oprobio y la necesidad de verte mendigar amistad la movían por un instante y no dejaba de sentir que eso pertenecía a su lado oscuro.

La elegancia de las palabras y el embrujo que la corroe contra la triste indiferencia y  los juegos de adultos a los que juegas con cartas marcadas de poder y dinero.

Estos días necesitaba desesperadamente el arte. Aspiraba con ardor a recuperar la ilusión espiritual, deseaba con pasión que algo la salvase de los destinos biológicos, de la vejez, del desamor, del aburrimiento y de la rutina por eso se aferraba a la poesía de este mundo, a la literatura del día a día y no quería olvidar que en el universo todo es compensación por los siglos de los siglos.


Pensaba en el sonido del  mar rugiendo; en el sabor de una buena taza de té  mientras el viento, afuera, balanceaba las hojas de los árboles. Pensaba en el destino de los hombres, en el tranquilo suceder de los días y en su corazón sereno. Además, como decía el mariscal Kutuzov, en Guerra y Paz, todo llega cuando tiene que llegar para quien sabe esperar.
Besos que vienen riendo, luego llorando se van, y en ellos se va la vida, que nunca más volverá. Unamuno

JOSE FERNÁNDEZ INBQ

ARACNE
      Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco
                                                                                                                     Eurípides.

En aquella esquina, sin luz, en penumbra, antes de la plegaria
Que el alba pespunta  en los rizos del sueño, al amanecer, la boca
Del  peligro abre los ojos, pájaros de cristal, en la tela de araña:
Es  un fantasma en el rastro del  poema  que teje la soledad.
Camina sin huellas, en el filo de los  besos, con la esperanza,
Partera del dolor, de compañera, inútil calcetín para la mano
Desnuda que camina inocente en busca del bocado feroz.

Trenzada en color, el alma del tapiz es la escuela  donde el dolor
Es la esquina de la muerte. Al acecho, rauda de voluntad, en vilo
El tejer la carne de la prisión, cada golpe del  querer  es huida sin razón,
Necedad y locura del amor siempre tu, extraño inconsciente inocente
Apenas manchado tardíamente expresado siempre aprendido nunca
En el siempre vivido: nunca tarde por ser verdadero, más allá
De la edad asignado: el amor existe si alguien te apuñala por la noche
En los sueños revueltos  por el  hybris, sementera del corazón. 
Demente, más oscuro que todo el ser sin estrellas, en lejanía
Más cercana que mi propio ser,  Aracne, fue eterna tu huida, 
Una prioridad, la necesidad  prisionera en lucha por tu libertad.

 
MIERES ¿ A dónde el camino irá?




PARÍS HABLA DE TI

La primera vez que vio  París  tenía uso de razón  pero usaba poco la razón. Era esa época, importante en toda vida, en la que uno se rige por los dictados del corazón.
Las nuevas generaciones tejen con lenguaje melodioso,
 un cautivador himno a la vida.Foto de Ana Platero
El color tibio del amanecer acariciaba las calles cuando puso el pie en tierra gala y a pesar del aturdimiento producido por mil horas en autobús, supo al instante que estaba presenciando algo verdaderamente bello. Cada una de las pinceladas que componían aquel cuadro parecían sencillas y a la vez únicas. Resultaba como tener al alcance de la mano al amor platónico, donde la primera punzada es una mezcla de expectación, desconcierto y  a la vez una iluminación.
A la puerta de una habitación de hotel en Montparnasse sentía que el mundo era suyo, por ende, París le pertenecía. Y sin saber bien el motivo,  tomó nota de sus pensamientos. La portada del  libro, en editorial de bolsillo, donde garabateó, dibujaba entre sombras la silueta de un hombre pescando un enorme pez.
La tía de una de sus compañeras de viaje era ama de llaves en la mansión de unos  judíos ricos y bastante ostentosos, que tenían la grifería de la casa en oro macizo. Aquella visión;  pasear por la ciudad; conocer la calle de la moda; una fiesta con anfitriona  francesa y sus diecisiete añitos hicieron de París un paraíso.
En sucesivas ocasiones se presentó en la metrópoli como espectadora incauta, consumidora de lo insólito y enamorada de lo diferente. Cada vez que  la recorría, cada vez, despertaba  en ella una nueva vibración y  de la nada, nacía un amor.
Allí precisamente palpaba la libertad y las infinitas posibilidades de la vida. Gracias a ese  derecho a soñar, al ocio previo a la creación y a otros tantos pensamientos estimulantes, el encanto de  la ciudad parecía perpetuarse.
No quería que sus notas sugirieran una evocación nostálgica de juventud, eran por el contrario una invocación hechizante, un esfuerzo consciente para retornar a aquellos días en los que la fuerza de sentir, la energía y la lucidez fluían fácilmente ante un Paris único, adorable, íntimo e  inspirador.
A través de una luz gris y suave  que matizaba los destellos de la lluvia recién caída, se dejaba llevar. Los pies bajaron por  Trocadero, y dejando la Torre Eiffel a su espalda, se movieron entre el cosmopolitismo selecto del distrito siete, su preferido. Rue de Grenelle, pensando, pensando, absorbiendo olores, fijando sonidos, disfrutando de las fisonomías,  y de repente…apareciste.
Sentado en la terracita de un café  desprendías, de tus ojos azules, un aire de seguridad propio de caballero andante y enfundado en un informal pero aristocrático envoltorio llamaste su atención. Seguía caminando mientras te miraba sabiendo que el  paisaje se completaba. Fue también consciente de que aparecerías en todas sus bienaventuranzas.
Nadie se confunda, nadie se crea que esta urbe es pura fachada y que el resto lo dibuja la imaginación. Nada de eso. Este ambiente tiene alma, también tiene alma. Posee un espectro errante y aventurero, empático, lleno de humanidad, cruel  e imperecedero.  Ostenta además una parte amoral y decadente; un punto desequilibrado en una búsqueda sinfín hacia la nada. Ella no estaba interesada en esa parte. No le gustaba el lado oscuro pero entendía que fuera necesario para entrever la realidad.
 En  medio de aquel frenesí, o quizás a causa de aquel frenesí, tenía la certeza de que cuando describía lo que sentía por aquella ciudad y por ti, imaginaba el lugar, la luz del entorno, la sensación que le producíais y sabía que, una vez finalizado el boceto, aunque nunca más os volviera a ver, aunque nunca más os volviera a escuchar, le perteneceríais para siempre.
Y aunque no encontremos, buscaremos el camino, para que nunca nos falten las ganas de soñar.







OS PRESENTO A CARLOTA

Era un alma libre de madrugada cuando su espíritu se escapaba, adormilado aún, de entre los brazos del sueño. Aquella alma flotaba por encima de los pensamientos, de las realidades y en momentos semejantes, no tenía límites.
Para descubrir la vida, la palabra.
Las luces de los focos buscaban sitio entre la bruma del amanecer, la cual presagiaba en muchas ocasiones un maravilloso día. La niebla cubría la tristeza de su corazón con un breve momento de alivio, que el otoño le regalaba, para seguir esperando con entereza.
En uno de esos instantes serenos había decidido descubriros a una de sus discípulas, Carlota.
Como otro puñado de elegidas por la buena química,  que no  por la casualidad, pasaban por su vida alegrándola e impregnando con esencia juvenil  las clases, los valores y el  camino.
Quizás no debería de presentárosla y ser humilde, pero estaba claro que ella no era excesivamente humilde. Aparte de haberla hecho llorar de emoción, le gustaba lo que la chica decía y sobre todo le gustaba que fuera verdad.
Era sabido que le encantaba dar clase. Pero que de vez en cuando algún conferenciante  le espabilase las ideas,  resultaba un lujo. Necesitaba no perder detalle, mirarlo todo expectante; que le ofrecieran en bandeja algo nuevo para pensar; cosas diferentes para la mente; material excitante para su intelecto. Y es que la sensación de ser alumno, que te ilustren y te muestren caminos diferentes siempre resultaba gratificante e invocadora de tiempos pasados.  
A ella le gustaban  las personas. Le gustaba escucharlas, preguntar por sus vidas, los detalles,  los sentimientos y  las emociones. Nunca se había topado con nadie que no tuviese un alma sensible de ser querida y  a cada persona le sobraban motivos, aunque fuesen erróneos, para las diferentes  formas de discurrir por la vida.
El objetivo con mayúsculas no era que la quisieran, si no quererlos. Tratarlos poniendo  el alma, la profesionalidad y todo el amor posible en cada momento. A pesar de parecer sencillo sobre el papel no era tarea fácil si la genética no había colaborado con una carga extra, puesto que semejante don, no puede ser prestado, robado, regalado, ni tampoco adquirido, sin un corazón generoso. 

Dice Carlota: Quiero dar la enhorabuena a una profesora magnifica, no solo es una buena
profesora sino una excelente persona, quiero hacerlo porque está siempre sonriente, por ayudar en todo, a pesar de que a ella en algunas ocasiones no se le puede ayudar. Quiero darle la enhorabuena por ser tan fuerte y preocuparse por los demás, por mirar el bien de su alrededor seguramente antes que el suyo.No dudo que sea una buena madre y menos que sea una buena hija porque después de tantos años en el colegio no pudo ser mejor conmigo en todo, escuchándome y aguantándome en clase. Me acuerdo de que hasta me ayudaba a vestirme cuando era pequeña.
Lo que quería decir con esto y con la foto es que me encanta lo que escribe y como se expresa, como dice lo que siente pero sin casi saber que es ella. Todos, o los que quieran, podrían leer las entradas en su blog. Se lo dedica a su madre y algunas entradas a alumnos o exalumnos de Meres.
A mí me encanta “Para ti querida Isabel”

Estaréis de acuerdo conmigo que este texto  merece toda mi ternura y agradecimiento, porque estoy segura que es  uno de los mejores premios que me van a dar en la vida.

Gracias Carlota

Y como dice el Profesor, para descubrir la vida, siempre la palabra.
Seguís siendo  princesas en mi memoria



CARTA CONTRA LA TRISTEZA

Necesitaba cambiar el rumbo de sus pensamientos y anidar en un lugar menos duro.
Un lugar donde los sucesos no fueran tan trascendentes como resultaban ser en las últimas jornadas. Y es que hay momentos en la vida de toda persona que son históricos por derecho propio, momentos que hay que afrontar con entereza, aguantando el tipo y tragándose las lágrimas. Aun así necesitaba insuflar un poco de aire que silbase despacito en su oído. 
Por pura necesidad de evadirse recordó las apologías que  había dedicado  no sabía bien a quién, ni sabía bien cuando.
Emociones intensas que resultan
bendiciones de deleite y magnetismo

Epístola primera. Querido príncipe. Heme aquí trasportada de la noche a la mañana a mi escondido valle de irrealidad; heme aquí instalada de nuevo en el hermoso rincón del cual salí, por un momento, para tener el gusto de conocerte. ¿Has oído hablar de Cartas desde mi celda  de Bécquer?
Es una idea que me ronda la cabeza hace tiempo, escribirte cartas. Teniendo en cuenta que en alguno de los papeles que inundan mi mundo se encuentra perdida una dirección que podría ser tuya, el camino está  marcado.

Escribo para que me lean. En la mayor parte de las ocasiones lo hago para encontrar la paz; en otras, las menos, escribo para buscar mi pedacito de gloria. Pero podría decir en honor a la verdad que sigo escribiendo para ti.
Y si  preguntas por qué, entonces ya somos dos. No sé ni por qué te pienso, ni mucho menos qué haces en esta imaginación. No molestas, no ocupas espacio físico, pero estás. No siempre, pero estás. Y ya que estás necesito hablarte.
Algunas veces me intriga saber que habrás elucubrado a lo largo de estos años, imagino que me tildarías de  obsesiva y quizás, en el mejor de los casos, de extravagante. He barajado más opciones pero rompiste los esquemas y sin apenas darme cuenta me vi inmersa en una espiral de situaciones insidiosas complicadas con mi actitud un tanto  grotesca y  probablemente desatinada. Y digo probablemente porque no era del todo consciente de ese desatino  dado que me dejaba llevar  por emociones intensas que resultaban bendiciones de deleite y magnetismo.

Tecla perfecta de magia secreta, es tu recuerdo. Pero la realidad sigue siendo la misma. Ahora bien, las cosas tienen diferentes perspectivas y por algún motivo, que te juro desconozco, me caes bien, me gustas, me subyugas o todo a la vez  y hablo contigo como hacen los pequeños autistas con amigos imaginarios.
Que eso es malo, inapropiado y estúpido, puede, pero te aseguro que represento el sentimiento más puro y autentico que inspires a nadie en este mundo.
Es algo  tan real, inalienable, sin mácula y delicado que me parece imposible que no lo notes y si  toda devoción  conlleva una reacción, creo que la reacción a este sentimiento anda perdida  por el espacio, dando como resultado  un círculo infinito de eternidad y agradable persistencia.
¿Qué espero de ti? Creo que a estas alturas, nada más ni  nada menos que, una conversación inteligente, algo de complicidad y la sensación de tratar con alguien especial, imagino que hasta brillante. Me preocupa por otro lado, que como dice Antonio Bolinches los grandes hombres no resistan las pequeñas distancias y con ello ratificaría que  idealizo. Soy consciente de este hecho. Puede que necesite hacer un ejercicio de autoconocimiento o  mejorar la autoestima para  no buscar en ti la solución a mis frustraciones.

Pero si la realidad es un eterno ciclo de regeneración, un equilibrio entre fuerzas opuestas, y la razón una situación que no garantiza nada, entonces, te tengo que decir que me sigues gustando.

Aunque intentaba evadirse seguía en este mundo  y el repaso de  algunas emociones,  por intensas que hubieran sido, perdían trascendencia al lado de la muerte. Y es que verla de cerca  produce picos en el estado de ánimo, de pronto te hunde en la tristeza, de pronto dispara la adrenalina y te inundan unas ganas inconmensurables de vivir. Vivir a borbotones, vivir sin sentido, vivir sin normas, solo vivir intensamente.
La forma de morir pone el colofón a la existencia y nuestros mayores, pozos de sabiduría, suelen pedir poco mal y buena muerte, uno de los mejores regalos con que nos  puede despedir la tierra. 
No sé si tenemos un destino o si flotamos como la bruma, lo  único seguro es que la muerte forma parte de la vida y un día u otro todos le veremos la cara.
Un círculo infinito de eternidad y agradable persistencia.



VIVIR Y MORIR

Tú que me hablas con sílabas mudas como los silencios en las melodías  te estás apagando  y me consume la posibilidad de verte sufrir. Arrimo a tu cara la mía y me colmas de besos, besos de colores, besos de sabores, besos familiares. Te enredas en mi pelo, me acaricias la nariz y vuelves a cerrar los ojos. Despides  aroma a té verde  y  un olor, tan tuyo, que actúa como un bálsamo en mi alma. Estás viva, todavía estás viva, aún nos queda tiempo Gracias Dios. Mientras te achucho, el desasosiego anida en algún lugar de la habitación, absorbo los detalles de tus manos, de tu fina piel, de tus brazos desnudos, te vuelvo a tocar y pienso ¿a qué sabrá tú recuerdo?
Ese amor que hemos compartido a lo largo de tantos días de tantos años,  ha concebido  colecciones de momentos. Colecciono entusiasmada momentos contigo. Siempre he disfrutado de tu compañía, tus ojos serenos son mi religión. Cuando  me abrazas no existe el miedo.  Has tendido puentes invisibles a los puntos polémicos de mis emociones, estas muriendo para este mundo y no hago un ejercicio de nostalgia, no, vivencio un momento presente lleno de tragedia y buena voluntad para asumir tu partida.
Siempre volvemos a casa. Todos volvemos a casa.
Los físicos cuánticos han postulado que el tiempo es una percepción lineal que no tiene pasado ni futuro, lo que es arriba es abajo y lo que es adentro es afuera,  por eso tu recuerdo nunca desaparecerá en mi existencia. Vuelvo los ojos y de las astillas de mi emoción, tus dedos tejen con la pura realidad el dolor de mi devoción, y te quiero Mamina. Siempre te quiero. Siempre te querré.

En este momento no puede ser posible que  estés muriendo tranquilamente en tu pulcra habitación  y el mundo siga moviéndose como si nada; ella está en su clase, yo dando la mía, los niños juegan y el aire premonitorio, viejo compañero, llega del sur, pero confieso que mi pulso palpita con tu respiración y mi alma se encoge ante tu postración.
Encerrada en el mundo, ofreciste lo mejor de ti misma a quien te acompañó en el caminar  o sencillamente a quien haya tenido el placer de estar a tu lado pero ¿qué queremos robarle al tiempo si el tiempo es una ilusión? ¿Para qué las prisas, si cuando nuestro final se acerque veremos los hechos sin espacio? Solo habrá aciertos o errores, así que no te coman las prisas, haz lo que hagas bien hecho, porque está escrito, lo que da valor a las cosas es saber que no hay un techo.
La vida se abre cuando el temor se diluye y asusta sentir la muerte de cerca, amor y dolor circulan por estas venas terrenales, a veces la poción aparece desde la perspectiva contraria, dolor y amor. Angustia ante un mundo de interrogantes para el que trato de ser positiva, aun así adoro escucharme pensando: Otra jornada más que estamos juntas.
Desconozco cuánto durará este viaje pero estoy disfrutando, como acostumbro, de tu callada y serena presencia.
Quererte y acompañarte. No sé hacer otra cosa
Te vas, pero te quedas porque formas parte de mi.