ALMA ERRANTE

De mi infancia y juventud en Loza no recuerdo calabazas, ni fanfarrias, ni alboroto en la noche de Las Ánimas; pero lo que si recuerdo con respeto y bastante miedo son las historias del tío Manuel. De estas historias tengo muchas para contaros pero no me atrevería a relatártelas a ti a solas, Isabel, ni en la casa de la abuela, ni mucho menos entrada la noche.
De estas historias tengo muchas, pero no
me atrevería a contártelas ni en casa de la abuela, ni
mucho menos entrada la noche.

Si vamos a contar una historia contémosla bien. La primera vez que tuve conocimiento de las ánimas tenía pocos años, no sé exactamente cuántos, pque aun teniendo buena memoria, solo recuerdo que por aquella época era mi costumbre limpiarme la cara en la manga del jersey. En la cocina de leña alrededor de la cual estaba con todos mis primos, los grandes y los menos grandes, escuchando las historias del tío Manuel, hacía calorcito y algo pasaba cuando el hombre hablaba que yo me arrebujaba contra quien estuviese a mi lado. -La historia-, decía el tío con aquella voz ronca y poderosa que te atrapaba, - esta historia empezó cuando un día de invierno viniendo yo de jugar la partida de casa de Jesús- uno de los dos lugares de reunión que había en el pueblo, - en aquella ocasión era más de la media noche y estaba el camino muy oscuro, entonces cuando llegué a la altura del Parapeto, un obelisco de piedra cercano a la casa, desde la distancia vi una cosa brillar en el suelo. Al principio no pensé en nada, pero según me iba acercando me di cuenta de que era una corona de muerto rodeada de un halo refulgente. Sin  darle mucha importancia me agaché para cogerla y la corona se desplazó hacia adelante. Coño- pensé- que raro, algo me sentó mal.
-Esto que cuentas no es verdad,- farfulló, con más miedo que otra cosa, su hijo pequeño- El hombre lo miró serio y continuó sin contestarle.- Me volví a acercar y lo intenté de nuevo pero la corona se volvió a escapar. Entonces me asuste de verdad pque  las flores de muerto iban avanzando justo delante de mí, hasta que  desaparecieron al llegar a la Portalada. Así que entré en la casa lo más rápido que pude, y no pasé ni por la cocina, subí al dormitorio y se lo conté a Nati, que extrañamente también aquel día permanecía despierta.- Y continuaba su diatriba- En aquella época en la casona, a donde me trasladé después de mi matrimonio, vivía mucha gente: los padres de mi mujer, sus cinco hermanas solteras y Teresa, una  anciana, hermana de mi suegro con intensos ojos verdes, que gozaba de buena salud.
Sucedió que a los dos días escasos de aquella, mi visión extraordinaria, sin motivo aparente y sin previo aviso murió Teresa. Como sabéis en los años cincuenta, los muertos se velaban en casa. Impactada por aquel suceso inesperado, mi mujer me dijo en un aparte: Manuel igual lo que viste el otro día fue el ánima de Teresa que te venía a avisar- Yo, quitándole hierro al asunto y para que no se asustase le dije- No te preocupes, debió de ser que me desorienté al salir del calor y en contraste con el frío de la noche, seguro que lo soñé- Aunque ella no quedó muy convencida, no volvió a mencionar el tema, más con los preparativos del entierro y toda la gente viniendo a casa a honrar a la muerta, no volvimos tras de la historia.

La jornada trascurrió triste y sin poder parar de tramitar situaciones que me correspondían como hombre de la casa. Pero el día pasó, como pasan todos, y llegó la temida noche en la que, solo, quedé a velar al cadáver. El féretro, que íbamos a pagar con sacrificio, estaba situado en el centro de la sala; una estancia grande con suelo de madera, que crujía bajo el peso de cualquiera que la atravesase. En el silencio de la noche, la luz mortecina y parpadeante que alumbraba a la muerta daba un aire más lúgubre al entorno. Pasada la media noche y con la boca seca de rezar, me senté en la silla de madera, que para la ocasión habíamos subido de la cocina, y me recosté buscando un poco de paz. Entonces y ante mi total asombro ¿podéis imaginar lo que vi a los pies del ataúd de Teresa? …Pues sí, la misma corona que me asustó pasando por el Parapeto, pero a diferencia de la otra vez, en esta ocasión no me atreví ni a moverme; me limite a iniciar de nuevo los rezos y a vigilar las flores por el rabillo del ojo. La corona estuvo presente durante más de una hora, y doy fe que en ese rato, Teresa, tenía una sonrisa dibujada en la cara.

Podéis creerlo o no,-decía el tío Manuel- pero yo lo vi con estos ojos que se ha de comer la tierra y os digo que debéis de ser buenos pque aparte de un cuerpo físico, todos tenemos un alma inmortal que nos acompaña, y vigila todas nuestras acciones mientras estamos vivos.

Ánima significa alma en latín. Las figuras ánima son fantasías revestidas de necesidades y experiencias de naturaleza emocional.  El término alma se refiere a una entidad inmaterial que poseen los seres vivos. Recuerdo muchas historias de ánimas y de ánimas del purgatorio y si en un primer contacto con su existencia me producían miedo y angustia hasta el punto que cuando volvía a casa no podía dormir sola; según fue pasando el tiempo esas ánimas, o esos espíritus, me han ido resultando familiares y hasta he llegado a creer que tienen un encanto especial, que saben cosas que los humanos desconocemos y por algún extraño motivo, su sola presencia aporta sufrimientos con valor de redención.
Despertaba el día, /y a su albor primero/con sus mil ruidos/despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste/de vida y misterio,/de luz y tinieblas,/yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos/se quedan los muertos!! G.A.B.