VERR VOLVER

Posiblemente tuviera dudas acerca de lo atinado de contar  historias, pero era y siempre había sido para ella, ver volver.
El alma que hablar puede con los ojos,
también puede besar con la mirada, Bécquer. La foto de CARLA PASTOR


Algunas personas caminaban deprisa, alguien en algún lugar, reía; dejó que su mente vagara, pensaba en la última vez que estuvo con aquel muchacho, el día que supo que se iría y jamás regresaría.
Le imploró, por lealtad hacia el pasado,  que fuera prudente en los comentarios. Alegó, que ya que él no le inspiraba ese sentimiento imperecedero, no se lo contara al mundo. Y  ella, casi lo hizo. Casi.
Sensaciones resurgían con una claridad que la dejaban asombrada, con tanta nitidez como si el tiempo no hubiera pasado. Tras los primeros y tímidos recuerdos siguieron conversaciones enteras, palabra por palabra, con sus más mínimos matices.

Lo quería, de eso no cabía duda, pero no podía vivir allí. Era un pueblo con mar, maravilloso sitio sin pretensiones. Y aunque la cultura cada vez habitaba más en todos lados,  en los ochenta  la cuestión no estaba  tan clara, habida cuenta que  el dinero escaseaba, las ideas eran un hervidero, y la juventud les rebosaba hasta del intelecto, sobre todo por  el intelecto. Se paró a esperar.
Además su padre le pedía que no dejase de viajar, que viera el mundo. Le sugirió que leyera un poco todos los días, que reflexionara sobre lo que había leído y sobre todo,  lo que había sentido.  Cada vez que llegara a un lugar desconocido, averiguaría su historia y el cómo se había trasformado en lo que ahora era.
Pensaba que allí, tan alejada del mundanal ruido, la tarea sería difícil  y  le faltarían alicientes. El cine, el teatro, la moda, y la vida social serían escasos y asfixiantes. Entrañable, genuino, mágico, pero  aislado. Por Dios, no sabía lo que quería.
Se le erizaba la piel recordando la época  que pasó deliberando si lo dejaría todo por él. No habría sido una mala decisión, al menos no parecía totalmente descabellada. De hecho en esos días de incertidumbre, de no saber dónde quería ubicar el alma, el ir a vivir a su lado  parecía  una opción tan válida como el no hacerlo. Además por aquel entonces los sutiles matices que intervenían en la atracción entre un hombre y una mujer eran algo próximo, fácil de vivir, normal y captable  para ambos.

Resultaba seductor. Despertaría los días de invierno escuchando rugir el mar. Le gustaba imaginar su cara, entre  las mantas cálidas y  revueltas, con aquellos dulces ojitos azules mirándola cada mañana. Le enternecía imaginarse rodeada de niños con los mismos ojos chispeantes. Pero ella era un gusto adquirido, y a pesar de que sus raíces estuvieran plantadas en el mismo suelo, la inquietud  del mundo ya había entrado en su universo y le había dejado una impronta difícil de sortear.
Pensó en ignorar todas las huellas menos la de él; pensó en obviar las diferencias; barajó hacerse a la mar en aquella aventura. Aunque no debía de ser el tiempo, porque faltaban años de comunicaciones, de experiencias, de compras a la carta, de calefacción central,  de jornadas de teatro en el Infanta Isabel  con aquel Los ochenta son nuestros escrita por Ana Diosdado   y estrenada un diez de enero con música de Teddy Bautista.

Y es que para acceder a aquel, su lugar paradisíaco, debía de peregrinar casi tres horas por carreteras  enroscadas  entre  montañas,  y no podía evitar  las comparaciones cuando, llegando  a la calle Barquillo, muy cerca de Gran Vía y  avistando el teatro, le habían entrado intenciones de profundizar en la vida del tal José Espeliús, un arquitecto que supo armonizar elementos modernistas con  neomudéjares  y,  a pesar de que a ella nunca le gustaría nada que atentase contra la vida animal, la había impresionado con la Plaza de Toros de las Ventas.
Creía que no debía de negarse estas facetas de la vida. Ni  aquellos  fines de semana que se escapaba a  París. Ni escuchar una misa góspel. No, definitivamente, no era su momento. Y aunque la música que él le susurraba  paseando por el Campo de la Atalaya adormecía los sentidos, su corazón no atinó a decidirse.
Sin consultarse, pusieron los  zapatos primero, después los abrigos y  bajaron. Aquel número tres quedó oscuro y sombrío a sus espaldas, custodiando un  montón de inquietudes de los jóvenes  y con el abuelo sentado en la penumbra del salón.  No pensaron. Salieron juntos y se dejaron envolver por el aire frío de la noche. Pararon frente al acantilado sintiéndose más amantes que nunca, más unidos que jamás. El chico tenía  los ojos cerrados y agarró su mano. No podía entender  porque  se iba.
 En ese momento, tampoco ella lo sabía.
Los problemas no se resolvían gracias a un conjunto de coincidencias, aquel  no. Los problemas se resolvían tomando decisiones. La una lo intuía y él  otro había creído que ella era una doctrinaria. Pero ambos llevaban razón. Decidir no cambiar nada, también era una decisión. Ahora lo habían entendido.

El paso de los años los colocó en lugares diferentes del planeta  pero siempre compartieron un trozo  mudo de corazón.
Nunca, hasta hoy, se habían vuelto a encontrar.


Cuando vuelvo los ojos, amor, ¿qué quieres? si no quieres nada,
Y la sombra de mi figura queda  asida a tu presencia,
Contemplando
Como un rictus de soledad, rompe en la sonrisa que, brota de tu corazón.
Jose Fernández  INBQ





AMORES FANTASMAS

Como decía Cortázar, pobre del amor que del pensamiento se alimenta, y sucedió que te había
Que una imagen trasmita a la vez ingenuidad y belleza
es un efecto  que me cautiva sobre manera . Foto de Nacho Aguado
buscado en un millón de amaneceres y lo que podía parecer un atrevimiento era puro sentimiento. Por ello desde que la habías dejado, no sabía si era peor el amor irreal que había perdido; el amigo ficticio con el que no volvería  a charlar; la angustia del abandono, o las ganas de arrancarte la cabeza.
Pero claro, era imprescindible que hicieras tu voluntad y respetaras tu sentir, amado príncipe. Ella había evolucionado de imputada a inculpada y ahora las circunstancias la obligaban a cerrar aquella puerta. Pensó que era un buen momento,  habías hablado para dejarla sola con sus palabras, por fin se había hecho realidad, tanto darle vueltas a tus silencios los había convertido en ídolos de barro. A ella que se creía tan especial, tan diferente y  tan sensible, la habías dejado.
Y si se paraba a pensar, la vida estaba plagada de despedidas. Algunas de gente que te quiere y se va para siempre; otras de gente que se va de tu lado porque no te quiere lo suficiente. Unas las haces y otras te las hacen, corroborando que,  lo único seguro es el cambio.

Coleccionaba  momentos y recordaba más tus silencios que tus ruidos por eso sabía que era engañarse, seleccionar de forma sesgada la realidad. El  hecho de que te hubieses manifestado, para no decir nada más que lo que ya estaba claro, supuso un desencanto en su fantasía y a los cuatro años exactos, tú, descendiste a los infiernos.
Perdiste todo el glamur y toda la categoría para convertirte en un vulgar hombre rico, engreído, falto de educación, con una comprensión selectiva y escarchada. Pobre hombre rico, que lejos quedas de aquel ensueño  en el que te habían colocado. Podría decirse que hasta das pena. Pareces, despojado de su entelequia, físicamente exiguo, tan poquita cosa, tan aburrido, tan predecible y sórdido que no serás nada sin esa pátina de embrujo.

Enfangado en realidad, ahí te quedas,  putrefacto de prepotencia y destilando estupidez. Un personaje de semejante catadura no estaba a la altura de sensibilidades como la suya. Que Dios se apiadase de tus restos y con esto quedaba cerrado el ciclo litúrgico  y monocromático de una devoción.
Has sido un paréntesis mágico que le puso el corazón al borde del alma y ella había venido, de pronto, a fecundar tu tiempo. Y aunque afuera el mundo rugiera o se adormeciese; los hombres viviesen o muriesen; unos amores pereciesen, naciesen otros, aun así, estamos todos imbuidos en ese ruido que agita la existencia humana, por eso, debes de tener claro que como ella te ha querido, desengáñate, así no te querrán.
Se agitaba ante tu imagen bloqueando su comunicación mientras una vanidad ilusoria, una sed de dominación y unas irrefrenables ganas de hacerte tragar tus sentimientos pueriles, la acongojaban. El oprobio y la necesidad de verte mendigar amistad la movían por un instante y no dejaba de sentir que eso pertenecía a su lado oscuro.

La elegancia de las palabras y el embrujo que la corroe contra la triste indiferencia y  los juegos de adultos a los que juegas con cartas marcadas de poder y dinero.

Estos días necesitaba desesperadamente el arte. Aspiraba con ardor a recuperar la ilusión espiritual, deseaba con pasión que algo la salvase de los destinos biológicos, de la vejez, del desamor, del aburrimiento y de la rutina por eso se aferraba a la poesía de este mundo, a la literatura del día a día y no quería olvidar que en el universo todo es compensación por los siglos de los siglos.


Pensaba en el sonido del  mar rugiendo; en el sabor de una buena taza de té  mientras el viento, afuera, balanceaba las hojas de los árboles. Pensaba en el destino de los hombres, en el tranquilo suceder de los días y en su corazón sereno. Además, como decía el mariscal Kutuzov, en Guerra y Paz, todo llega cuando tiene que llegar para quien sabe esperar.
Besos que vienen riendo, luego llorando se van, y en ellos se va la vida, que nunca más volverá. Unamuno

JOSE FERNÁNDEZ INBQ

ARACNE
      Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco
                                                                                                                     Eurípides.

En aquella esquina, sin luz, en penumbra, antes de la plegaria
Que el alba pespunta  en los rizos del sueño, al amanecer, la boca
Del  peligro abre los ojos, pájaros de cristal, en la tela de araña:
Es  un fantasma en el rastro del  poema  que teje la soledad.
Camina sin huellas, en el filo de los  besos, con la esperanza,
Partera del dolor, de compañera, inútil calcetín para la mano
Desnuda que camina inocente en busca del bocado feroz.

Trenzada en color, el alma del tapiz es la escuela  donde el dolor
Es la esquina de la muerte. Al acecho, rauda de voluntad, en vilo
El tejer la carne de la prisión, cada golpe del  querer  es huida sin razón,
Necedad y locura del amor siempre tu, extraño inconsciente inocente
Apenas manchado tardíamente expresado siempre aprendido nunca
En el siempre vivido: nunca tarde por ser verdadero, más allá
De la edad asignado: el amor existe si alguien te apuñala por la noche
En los sueños revueltos  por el  hybris, sementera del corazón. 
Demente, más oscuro que todo el ser sin estrellas, en lejanía
Más cercana que mi propio ser,  Aracne, fue eterna tu huida, 
Una prioridad, la necesidad  prisionera en lucha por tu libertad.

 
MIERES ¿ A dónde el camino irá?




PARÍS HABLA DE TI

La primera vez que vio  París  tenía uso de razón  pero usaba poco la razón. Era esa época, importante en toda vida, en la que uno se rige por los dictados del corazón.
Las nuevas generaciones tejen con lenguaje melodioso,
 un cautivador himno a la vida.Foto de Ana Platero
El color tibio del amanecer acariciaba las calles cuando puso el pie en tierra gala y a pesar del aturdimiento producido por mil horas en autobús, supo al instante que estaba presenciando algo verdaderamente bello. Cada una de las pinceladas que componían aquel cuadro parecían sencillas y a la vez únicas. Resultaba como tener al alcance de la mano al amor platónico, donde la primera punzada es una mezcla de expectación, desconcierto y  a la vez una iluminación.
A la puerta de una habitación de hotel en Montparnasse sentía que el mundo era suyo, por ende, París le pertenecía. Y sin saber bien el motivo,  tomó nota de sus pensamientos. La portada del  libro, en editorial de bolsillo, donde garabateó, dibujaba entre sombras la silueta de un hombre pescando un enorme pez.
La tía de una de sus compañeras de viaje era ama de llaves en la mansión de unos  judíos ricos y bastante ostentosos, que tenían la grifería de la casa en oro macizo. Aquella visión;  pasear por la ciudad; conocer la calle de la moda; una fiesta con anfitriona  francesa y sus diecisiete añitos hicieron de París un paraíso.
En sucesivas ocasiones se presentó en la metrópoli como espectadora incauta, consumidora de lo insólito y enamorada de lo diferente. Cada vez que  la recorría, cada vez, despertaba  en ella una nueva vibración y  de la nada, nacía un amor.
Allí precisamente palpaba la libertad y las infinitas posibilidades de la vida. Gracias a ese  derecho a soñar, al ocio previo a la creación y a otros tantos pensamientos estimulantes, el encanto de  la ciudad parecía perpetuarse.
No quería que sus notas sugirieran una evocación nostálgica de juventud, eran por el contrario una invocación hechizante, un esfuerzo consciente para retornar a aquellos días en los que la fuerza de sentir, la energía y la lucidez fluían fácilmente ante un Paris único, adorable, íntimo e  inspirador.
A través de una luz gris y suave  que matizaba los destellos de la lluvia recién caída, se dejaba llevar. Los pies bajaron por  Trocadero, y dejando la Torre Eiffel a su espalda, se movieron entre el cosmopolitismo selecto del distrito siete, su preferido. Rue de Grenelle, pensando, pensando, absorbiendo olores, fijando sonidos, disfrutando de las fisonomías,  y de repente…apareciste.
Sentado en la terracita de un café  desprendías, de tus ojos azules, un aire de seguridad propio de caballero andante y enfundado en un informal pero aristocrático envoltorio llamaste su atención. Seguía caminando mientras te miraba sabiendo que el  paisaje se completaba. Fue también consciente de que aparecerías en todas sus bienaventuranzas.
Nadie se confunda, nadie se crea que esta urbe es pura fachada y que el resto lo dibuja la imaginación. Nada de eso. Este ambiente tiene alma, también tiene alma. Posee un espectro errante y aventurero, empático, lleno de humanidad, cruel  e imperecedero.  Ostenta además una parte amoral y decadente; un punto desequilibrado en una búsqueda sinfín hacia la nada. Ella no estaba interesada en esa parte. No le gustaba el lado oscuro pero entendía que fuera necesario para entrever la realidad.
 En  medio de aquel frenesí, o quizás a causa de aquel frenesí, tenía la certeza de que cuando describía lo que sentía por aquella ciudad y por ti, imaginaba el lugar, la luz del entorno, la sensación que le producíais y sabía que, una vez finalizado el boceto, aunque nunca más os volviera a ver, aunque nunca más os volviera a escuchar, le perteneceríais para siempre.
Y aunque no encontremos, buscaremos el camino, para que nunca nos falten las ganas de soñar.







OS PRESENTO A CARLOTA

Era un alma libre de madrugada cuando su espíritu se escapaba, adormilado aún, de entre los brazos del sueño. Aquella alma flotaba por encima de los pensamientos, de las realidades y en momentos semejantes, no tenía límites.
Para descubrir la vida, la palabra.
Las luces de los focos buscaban sitio entre la bruma del amanecer, la cual presagiaba en muchas ocasiones un maravilloso día. La niebla cubría la tristeza de su corazón con un breve momento de alivio, que el otoño le regalaba, para seguir esperando con entereza.
En uno de esos instantes serenos había decidido descubriros a una de sus discípulas, Carlota.
Como otro puñado de elegidas por la buena química,  que no  por la casualidad, pasaban por su vida alegrándola e impregnando con esencia juvenil  las clases, los valores y el  camino.
Quizás no debería de presentárosla y ser humilde, pero estaba claro que ella no era excesivamente humilde. Aparte de haberla hecho llorar de emoción, le gustaba lo que la chica decía y sobre todo le gustaba que fuera verdad.
Era sabido que le encantaba dar clase. Pero que de vez en cuando algún conferenciante  le espabilase las ideas,  resultaba un lujo. Necesitaba no perder detalle, mirarlo todo expectante; que le ofrecieran en bandeja algo nuevo para pensar; cosas diferentes para la mente; material excitante para su intelecto. Y es que la sensación de ser alumno, que te ilustren y te muestren caminos diferentes siempre resultaba gratificante e invocadora de tiempos pasados.  
A ella le gustaban  las personas. Le gustaba escucharlas, preguntar por sus vidas, los detalles,  los sentimientos y  las emociones. Nunca se había topado con nadie que no tuviese un alma sensible de ser querida y  a cada persona le sobraban motivos, aunque fuesen erróneos, para las diferentes  formas de discurrir por la vida.
El objetivo con mayúsculas no era que la quisieran, si no quererlos. Tratarlos poniendo  el alma, la profesionalidad y todo el amor posible en cada momento. A pesar de parecer sencillo sobre el papel no era tarea fácil si la genética no había colaborado con una carga extra, puesto que semejante don, no puede ser prestado, robado, regalado, ni tampoco adquirido, sin un corazón generoso. 

Dice Carlota: Quiero dar la enhorabuena a una profesora magnifica, no solo es una buena
profesora sino una excelente persona, quiero hacerlo porque está siempre sonriente, por ayudar en todo, a pesar de que a ella en algunas ocasiones no se le puede ayudar. Quiero darle la enhorabuena por ser tan fuerte y preocuparse por los demás, por mirar el bien de su alrededor seguramente antes que el suyo.No dudo que sea una buena madre y menos que sea una buena hija porque después de tantos años en el colegio no pudo ser mejor conmigo en todo, escuchándome y aguantándome en clase. Me acuerdo de que hasta me ayudaba a vestirme cuando era pequeña.
Lo que quería decir con esto y con la foto es que me encanta lo que escribe y como se expresa, como dice lo que siente pero sin casi saber que es ella. Todos, o los que quieran, podrían leer las entradas en su blog. Se lo dedica a su madre y algunas entradas a alumnos o exalumnos de Meres.
A mí me encanta “Para ti querida Isabel”

Estaréis de acuerdo conmigo que este texto  merece toda mi ternura y agradecimiento, porque estoy segura que es  uno de los mejores premios que me van a dar en la vida.

Gracias Carlota

Y como dice el Profesor, para descubrir la vida, siempre la palabra.
Seguís siendo  princesas en mi memoria



CARTA CONTRA LA TRISTEZA

Necesitaba cambiar el rumbo de sus pensamientos y anidar en un lugar menos duro.
Un lugar donde los sucesos no fueran tan trascendentes como resultaban ser en las últimas jornadas. Y es que hay momentos en la vida de toda persona que son históricos por derecho propio, momentos que hay que afrontar con entereza, aguantando el tipo y tragándose las lágrimas. Aun así necesitaba insuflar un poco de aire que silbase despacito en su oído. 
Por pura necesidad de evadirse recordó las apologías que  había dedicado  no sabía bien a quién, ni sabía bien cuando.
Emociones intensas que resultan
bendiciones de deleite y magnetismo

Epístola primera. Querido príncipe. Heme aquí trasportada de la noche a la mañana a mi escondido valle de irrealidad; heme aquí instalada de nuevo en el hermoso rincón del cual salí, por un momento, para tener el gusto de conocerte. ¿Has oído hablar de Cartas desde mi celda  de Bécquer?
Es una idea que me ronda la cabeza hace tiempo, escribirte cartas. Teniendo en cuenta que en alguno de los papeles que inundan mi mundo se encuentra perdida una dirección que podría ser tuya, el camino está  marcado.

Escribo para que me lean. En la mayor parte de las ocasiones lo hago para encontrar la paz; en otras, las menos, escribo para buscar mi pedacito de gloria. Pero podría decir en honor a la verdad que sigo escribiendo para ti.
Y si  preguntas por qué, entonces ya somos dos. No sé ni por qué te pienso, ni mucho menos qué haces en esta imaginación. No molestas, no ocupas espacio físico, pero estás. No siempre, pero estás. Y ya que estás necesito hablarte.
Algunas veces me intriga saber que habrás elucubrado a lo largo de estos años, imagino que me tildarías de  obsesiva y quizás, en el mejor de los casos, de extravagante. He barajado más opciones pero rompiste los esquemas y sin apenas darme cuenta me vi inmersa en una espiral de situaciones insidiosas complicadas con mi actitud un tanto  grotesca y  probablemente desatinada. Y digo probablemente porque no era del todo consciente de ese desatino  dado que me dejaba llevar  por emociones intensas que resultaban bendiciones de deleite y magnetismo.

Tecla perfecta de magia secreta, es tu recuerdo. Pero la realidad sigue siendo la misma. Ahora bien, las cosas tienen diferentes perspectivas y por algún motivo, que te juro desconozco, me caes bien, me gustas, me subyugas o todo a la vez  y hablo contigo como hacen los pequeños autistas con amigos imaginarios.
Que eso es malo, inapropiado y estúpido, puede, pero te aseguro que represento el sentimiento más puro y autentico que inspires a nadie en este mundo.
Es algo  tan real, inalienable, sin mácula y delicado que me parece imposible que no lo notes y si  toda devoción  conlleva una reacción, creo que la reacción a este sentimiento anda perdida  por el espacio, dando como resultado  un círculo infinito de eternidad y agradable persistencia.
¿Qué espero de ti? Creo que a estas alturas, nada más ni  nada menos que, una conversación inteligente, algo de complicidad y la sensación de tratar con alguien especial, imagino que hasta brillante. Me preocupa por otro lado, que como dice Antonio Bolinches los grandes hombres no resistan las pequeñas distancias y con ello ratificaría que  idealizo. Soy consciente de este hecho. Puede que necesite hacer un ejercicio de autoconocimiento o  mejorar la autoestima para  no buscar en ti la solución a mis frustraciones.

Pero si la realidad es un eterno ciclo de regeneración, un equilibrio entre fuerzas opuestas, y la razón una situación que no garantiza nada, entonces, te tengo que decir que me sigues gustando.

Aunque intentaba evadirse seguía en este mundo  y el repaso de  algunas emociones,  por intensas que hubieran sido, perdían trascendencia al lado de la muerte. Y es que verla de cerca  produce picos en el estado de ánimo, de pronto te hunde en la tristeza, de pronto dispara la adrenalina y te inundan unas ganas inconmensurables de vivir. Vivir a borbotones, vivir sin sentido, vivir sin normas, solo vivir intensamente.
La forma de morir pone el colofón a la existencia y nuestros mayores, pozos de sabiduría, suelen pedir poco mal y buena muerte, uno de los mejores regalos con que nos  puede despedir la tierra. 
No sé si tenemos un destino o si flotamos como la bruma, lo  único seguro es que la muerte forma parte de la vida y un día u otro todos le veremos la cara.
Un círculo infinito de eternidad y agradable persistencia.



VIVIR Y MORIR

Tú que me hablas con sílabas mudas como los silencios en las melodías  te estás apagando  y me consume la posibilidad de verte sufrir. Arrimo a tu cara la mía y me colmas de besos, besos de colores, besos de sabores, besos familiares. Te enredas en mi pelo, me acaricias la nariz y vuelves a cerrar los ojos. Despides  aroma a té verde  y  un olor, tan tuyo, que actúa como un bálsamo en mi alma. Estás viva, todavía estás viva, aún nos queda tiempo Gracias Dios. Mientras te achucho, el desasosiego anida en algún lugar de la habitación, absorbo los detalles de tus manos, de tu fina piel, de tus brazos desnudos, te vuelvo a tocar y pienso ¿a qué sabrá tú recuerdo?
Ese amor que hemos compartido a lo largo de tantos días de tantos años,  ha concebido  colecciones de momentos. Colecciono entusiasmada momentos contigo. Siempre he disfrutado de tu compañía, tus ojos serenos son mi religión. Cuando  me abrazas no existe el miedo.  Has tendido puentes invisibles a los puntos polémicos de mis emociones, estas muriendo para este mundo y no hago un ejercicio de nostalgia, no, vivencio un momento presente lleno de tragedia y buena voluntad para asumir tu partida.
Siempre volvemos a casa. Todos volvemos a casa.
Los físicos cuánticos han postulado que el tiempo es una percepción lineal que no tiene pasado ni futuro, lo que es arriba es abajo y lo que es adentro es afuera,  por eso tu recuerdo nunca desaparecerá en mi existencia. Vuelvo los ojos y de las astillas de mi emoción, tus dedos tejen con la pura realidad el dolor de mi devoción, y te quiero Mamina. Siempre te quiero. Siempre te querré.

En este momento no puede ser posible que  estés muriendo tranquilamente en tu pulcra habitación  y el mundo siga moviéndose como si nada; ella está en su clase, yo dando la mía, los niños juegan y el aire premonitorio, viejo compañero, llega del sur, pero confieso que mi pulso palpita con tu respiración y mi alma se encoge ante tu postración.
Encerrada en el mundo, ofreciste lo mejor de ti misma a quien te acompañó en el caminar  o sencillamente a quien haya tenido el placer de estar a tu lado pero ¿qué queremos robarle al tiempo si el tiempo es una ilusión? ¿Para qué las prisas, si cuando nuestro final se acerque veremos los hechos sin espacio? Solo habrá aciertos o errores, así que no te coman las prisas, haz lo que hagas bien hecho, porque está escrito, lo que da valor a las cosas es saber que no hay un techo.
La vida se abre cuando el temor se diluye y asusta sentir la muerte de cerca, amor y dolor circulan por estas venas terrenales, a veces la poción aparece desde la perspectiva contraria, dolor y amor. Angustia ante un mundo de interrogantes para el que trato de ser positiva, aun así adoro escucharme pensando: Otra jornada más que estamos juntas.
Desconozco cuánto durará este viaje pero estoy disfrutando, como acostumbro, de tu callada y serena presencia.
Quererte y acompañarte. No sé hacer otra cosa
Te vas, pero te quedas porque formas parte de mi.



EL VERANO

Ha llegado el verano cargado de situaciones, algunas conocidas, otras distintas pero todas bañadas de luz. Esa luz que da a la existencia el saber que probablemente veré su cara. Si supieras, Isabel, que desierto infinito es mi mente. Si supieras que el silencio me vigila y me hiere.  Nadie podría creer que no hay un alma tras esos ojos iluminados y  abrigaré, ad infinitum, la idea de que nuestra realidad no está definida de modo exclusivo por los cinco sentidos.
Sí, soy  pertinaz, de ideas fijas y obsesión fácil y no, no tengo posibles de hacer parar esta imaginación. Debemos de acostumbrarnos a mirar el mundo de un modo distinto y me gusta detenerme a escuchar a los que ya están muertos. Escucho atentamente y les oigo susurrar su legado, haz caso de tu corazón, él no te engaña, me dicen, deja empapar tu alma de buenas sensaciones porque llevas algo de gran valor dentro de ti.
Nunca olvidaré estos momentos, pienso, después de elegir  las palabras exactas para vestir de gala mis mejores ideas. Reír, nadar, compartir familia, disfrutar, sentir como pasa la vida tan callando, cerrar los ojos para soñar; abrirlos y seguir en el mismo excitante sueño. Esa es la esencia del verano. Y realmente, No, nunca olvidaré estos momentos.  
La Virgen de Villaoril bendita nos alumbre, es una letanía que
 hemos oído relatar a todas las mujeres de la familia.
Puedo describir exhaustivamente   este lugar, pero me temo que ninguna descripción logrará trasmitir la extraña atracción que ejerce sobre mí.
En cuanto la puerta se abrió fui catapultada a través del umbral hacia toda mi vida. Era la casa de mi madre. Seguía teniendo el mismo olor. A la derecha, encima del taquillón comprado en Mieres, un espejo oval con marco niquelado. El reloj estaba en el sitio habitual sobre el tapete de calados encima del mueble, mi padre lo había traído de Portugal. Aún ahora y lejos, oigo su sonido tocando los cuartos, las medias, los menos cuarto, y aquel modo sereno e insistente de marcar las horas, el cual nos empapaba en la prometedora sensación de que el tiempo no se iba acabar nunca.
Dejé que mi mente vagara. Pensé en la última vez que ellos, primero él, y años más tarde ella, habían estado en aquel salón. El día que supieron, no se sabe cómo, que su vida de plenas facultades mentales había tocado a su fin, que se irían de allí y jamás regresarían.
Imágenes surgidas con una claridad que me dejan pasmada, con tanta nitidez como si el tiempo no hubiera trascurrido. El pasado lejano está claro y nítido. Últimamente los fantasmas de aquella época me visitan a menudo y me asombra descubrir que no me preocupan demasiado. Al menos no tanto como suponía.
En efecto, los espectros a los que siempre he tenido miedo se han convertido casi en un consuelo, algo que me enraíza con este aire, con esta tierra y con estas paredes. Había olvidado, o eso creía, que en medio de la oscuridad quedan recuerdos brillantes. Siento paz, algo que no había experimentado desde hacía tiempo.
La casa es pequeña, rectangular y vibrante, llena de vidas y de espíritus familiares. La impresión es asombrosa. Como en las viejas historias parece haber caído sobre ella un hechizo que la ha mantenido dormida e intacta, desde el principio de los tiempos. La atmósfera ancestral, húmeda y consolidada flota sobre los muebles de la vivienda.
Anita está allí, dando candidez con su presencia a la vida normal. Tiene la actitud de una eterna niña buena e ingenua; inamovible en sus ideas y fiel en sus principios. Quiero creer que tal vez nunca muera, simplemente continuará viviendo hasta que un día cuando el viento sople del sur, se funda en parte de esta casa.

A menudo me encuentro  preguntándome acerca de lo efímero de la existencia; algún día la gente habrá olvidado todo lo sucedido hace cincuenta años, incluso olvidarán lo que sucede ahora mismo. Es más, se olvidarán de ti y  también de mí, tal vez esto ocurrirá dentro de cien años, pero finalmente los hechos se desvanecerán, formarán parte del pasado. En la imaginación de las siguientes generaciones todo será reemplazado por lo que aún está por venir. Entonces ella me mira y contengo el aliento. Me mira sin ver, como si buscara algo, tal vez la respuesta a una pregunta que flota en el aire  y que yo no sé responder. Y aunque muchos años después de la creación la paz sea inasequible en el Reino de los Cielos, mientras exista gente como Anita, merecerá la pena transitar por este maravilloso lugar llamado mundo, porque aquí, incluso un reloj estropeado marca hora buena dos veces al día.
La más bonita del mundo eres tú.
La más auténtica de todas tú.
Si tu me abrazas no existe el dolor.
Tus ojos serenos son una bendición.




VOLVER A EMPEZAR ES DE VALIENTES

Íbamos subidos en un barco que ya había partido. Cargado de ilusiones, orgullo, esnobismo, buen hacer y capacidad intelectual habíamos recorrido una parte del camino.
Por eso entiendo que tener el señorío para descubrir que  algo en nuestra vida  no es lo que queremos de verdad, aunque en parte no nos desagrade, es de sabios.
Apoyó las manos en el respaldo de la silla, hizo una pausa mirando a lo lejos, como lo hacía cuando estaba a punto de revelar una información importante, la experiencia demuestra que la primera palabra y la última en las decisiones trascendentes, hablaba de forma pausada rebuscando cada vocablo, la debe de tener el corazón. Con esto aseguras que nunca te vas a equivocar  y aunque así ocurriera, te quedará la tranquilidad de ser la dueña de tu propia existencia.
Y te encuentras con unos ojos verdes, es Alejandro.
Contempló a través de los cristales la interminable fila de árboles alineados que poblaban el jardín y sin motivo aparente recordó África. Si hay  algo que debas  replantearte para la buena marcha de tu salud mental, y  sabes exactamente de qué te estoy hablando, por mucho que te escondas el momento llegará. Así que no lo dejes pasar sin, al menos, escucharte.
Mantén una escucha atenta y consiente, que las emociones afloraren a través de la palabra, ya que siendo esta emoción escondida en la que nos enredamos, es lo único que te dará las claves para deshacer el entuerto. Como te falte valor, pasarás el resto de tus días arrastrando las cadenas de una mala decisión. Seguía mirando al jardín y el olor seco a verano inundaba la estancia, este verano habrá tormentas y  breves olas de calor, lo he escuchado en la radio, dijo esto último en tono de disculpa como si el tiempo meteorológico fuera decisión suya.
Proseguía a modo de monólogo, el cual no parecían escuchar el resto de las personas que trajinaban por el salón,  y ese  momento en el que descubres algo en tu  devenir cotidiano que no quieres de ninguna manera, ese  instante  será el primero del resto de tu existencia. Nadie dice que  vaya a resultar fácil salir del embrollo en el que estés metido, sea cual fuere, lo que es seguro es que merecerá la pena luchar porque  no debemos desperdiciar nuestro tiempo revolcándonos en la desventura y es que  no hay forma de fracasar si eres tú mismo.
El  joven la escuchaba desde el sillón donde estaba sentado de manera indolente  pero era el único que parecía prestarle atención entre palabra y palabra de las escritas en su iphone. No es bueno que deambules toda tu vida atrapado por una melodía desacompasada de la que no puedas escapar. No olvides que volver a empezar es de valientes y cuando vuelves a empezar nunca es desde cero porque  la historia que abandones dejará en tu alma un  bagaje de  situaciones y  un poso de emociones muy enriquecedoras.

El eco de aquellas viejas sensaciones vuelve a surgir dentro de mí, entonces siento que todavía estoy viva y que mi experiencia puede servir a alguien. Siempre había guardado como un tesoro la extraña y reconfortante sensación de pertenecer a un grupo, y encarar el mundo como miembro de una tribu donde los demás eran aliados; cosa difícil de mantener en el tiempo, cuando eres hijo único.
Al final estarás peleando por lo que quieres, por lo que sientes o por tu auténtica vocación y nunca por lo que debes, lo que te dé más estatus o lo que te proporcione más ventajas materiales. Te habrás convertido en una persona más integra, más humana, más madura y, sin lugar a dudas, mucho más feliz.
Resolver el instante puede permitirnos, como dice William Blake, tener el infinito en la palma de la mano.
 
Esti  Oviedín  deel  alma




DANDO CLASE

Las obsesiones tienen fecha de caducidad así como los  enamoramientos. Lo que nunca caduca es el amor básico, ese que surge de la profundidad y  pide muy poco. Seamos prudentes, pedir  pide  pero siempre devuelve, al que se entrega con entusiasmo, un ciento por cien de su donación. Entiendo que eso ocurre con la docencia.
Imagínate que dentro de ti tienes dos personas una que piensa, siente y actúa y la otra que solo observa. La observadora ha visto desfilar ante sus ojos muchas almas durante muchos años y quiere pensar que en alguno de ellas ha prendido la semilla de la inspiración que ella ha plantado. Si es verdad que en la juventud se aprende y en la madurez se entiende, entonces, en muchos de esos corazones sobrevive su espíritu.
Hacer cada día algo que  resulte agradable convierte la vida en un continuo goteo de satisfacciones salpicado, de vez en cuando, por algún que otro sapo que  tienes que tragar. Pero sigue siendo agradable. Si lo que haces más que gustar,  te apasiona, entonces,  el tiempo vuela y enfrascado en la actividad cotidiana verás trascurrir los años en un amén.
Quiero ser una palabra serena y clara

El mismo sol que calentó a nuestros antecesores está brillando sobre estas cabezas y haber impregnado el espíritu con las cábalas de cantidad de personas ilustres tiene que dejar, por fuerza, en el ánimo de quien consume tanta retórica, un runrún de buenas ideas capaces de motivar a todas las generaciones que pasan por nuestras manos.
Mientras avanzo lentamente de un lado a otro pienso en la cantidad de aire que tomo prestado de este entorno. Clase, subo, bajo. Clase, vivo. Clase, pienso. Clase, siento. Y aquí sigo después de los años ¿Cómo puedo olvidarme de todas esas horas tan llenas de niños, tan llenas de vida, tan llenas de energía y de buenas sensaciones? ¿Cómo puedo olvidarme de  tardes soleadas entre balones y  canastas, viviendo en primera línea espectaculares jugadas de muchachos habilidosos?
Es impresionante el potencial humano que manejamos los docentes y aunque la base de la educación está en la familia, la cantidad de moldeados diferentes que podemos hacer con ese potencial nos proporciona identidad.
El árbitro siempre tiene razón y porque lo digo yo, son frases tremendamente pedagógicas que debemos usar siempre que la ocasión lo requiera puesto que los jóvenes necesitan normas y reglas que cumplir para su buen desarrollo personal y psicológico.

Educar es mi vida. Recoge ese papel. Siéntate bien. Abróchate la chaqueta. Sé buen compañero. No te chives si lo puedes resolver. Arréglalo hablando.  Sé generoso. Si no quiere ser tu amiga, ignórala y búscate otra que te merezca. Trátalo como te gustaría que te tratase. Esta sería la recapitulación de todas las indicaciones y es que cuando eres un educador siempre estás en el lugar apropiado y a su debido tiempo.
El recreo es una compleja fantasía digna de observación, un mundo alternativo adonde ellos escapan porque  aunque según la edad, exija pensar o correr, esconderse o batallar, el verdadero placer es vivir. La existencia se concreta en cuatro cosas que les preocupan a los niños y otras dos que les agobian a los adolescentes. Lo demás es tierra conquistada.

Quién sabe poner  palabras a su vida tiene la mitad del camino del triunfo interior recorrido, según José Fernández, por eso en muchas ocasiones lo importante es devolver a los alumnos la pelota de sus inquietudes para que sepan llegar a la independencia de criterio. Y como en los  países nórdicos, paraíso de principios educativos, en este nuestro país debemos de alimentar los valores sólidos, fomentar la independencia personal y el sano criterio, claves para la formación de personas coherentes, felices y buenos ciudadanos.
Unas coletas rubias enmarcando unos ojos chispeantes y llenos de ingenuidad que corren por el patio me arrastran a un punto, en el que comparto con el profesor aquello de que, como la vida es una comedia para quienes piensan y una tragedia para quienes sienten, debemos de  enseñarlos a ser dueños siempre de su persona.

Llueve, llueve, llueve y continúa lloviendo, imagino que es el tributo a pagar, en esta bendita Asturias nuestra, por  un horizonte verde deslumbrante. Estaréis de acuerdo en que una buena educación es un legado impagable para cualquier sociedad que se precie; entre tanto  quiero ser una palabra serena y clara, además de un alma libre y entregada.
Nacimiento del río Navia en Pedrafita do Cebreiro






SOMOS ATLETAS

Y TENEMOS AMIGOS EN TODO EL MUNDO
Los deportistas  no nacen, se hacen. Siempre en función de la educación, los hábitos que les inculquen de pequeños, lo que vean en sus casas, las circunstancias de su existencia, el entorno,  la cantidad de divertimentos en la sociedad  que les toque vivir, y la manera que tengan de enfrentarse a la vida, así se perfila el nacimiento de un deportista.
Pero, la calidad no se entrena. Y esta es una premisa muy trillada en todos los años que tengo, que son casi todos los que llevo viviendo por, para, y del deporte.
Que la calidad no se entrena lo han dicho muchos pensadores de maneras diferentes,  recordemos si no  el proverbio latino Quod natura non dat, Salmantica non præstat. Aunque  yo  lo recuerdo en boca de  Queco del Rosal uno de los atletas más carismáticos que he tenido el honor de entrenar.
Lo que puedes  mejorar son tus capacidades, pelear, luchar, levantarte después de caer y volverlo a intentar. Los profesionales del deporte estamos acostumbrados a ver que aquel que más cualidades  tiene, no suele ser el que más se esfuerza, ni el que más en serio se lo toma. Y así, cuando todas estas condiciones confluyen, calidad, espíritu de sacrificio, afán de superación, y circunstancias adecuadas, es entonces cuando surge un campeón.
El gran Martínez en acción. 400ml 46".65
Deberíamos de ser conscientes de que tenemos un único cuerpo que nos acompañará durante nuestro paso por la tierra y también deberíamos de considerar que según como lo tratemos, así nos responderá.
Si te pasas el tiempo ninguneándolo, si no lo escuchas, lo fastidias, le buscas problemas, lo sobrecarga de estrés, y le das la lata, entonces responderá de la misma manera.  Recuerda que es el habitáculo que te han prestado para la aventura de la vida y tiene fecha de caducidad. Lo que piensas, lo que dices y lo que sientes  tiene que ir en la misma línea y  además, tratarás a tu cuerpo como se merece.
Dale un poco de alegría. Dale un poco de aeróbico de forma sistemática, no te olvides de los ejercicios, tonifícalo, estírate como  los gatos, dale agua, dale serenidad, dale paz, dale buenos pensamientos y buenas palabras.
Mientras no sea para ti un disfrute cuidarlo sin obsesiones, no estarás pleno y tu mente te meterá cornadas que no sabrás torear. Tú verás lo que decides hacer pero sé constante; aunque a veces te coma la desidia, se constante. Aunque la pereza se adueñe de tu mente, da el primer paso. Si la  apatía, el malestar o la falta de tiempo, te acogotan, ignóralos; cualquier momento es bueno para empezar. Merece la pena, siempre merece la pena.
Todo aquel que haya pasado por el lance de entrenar un día y otro y otro,  merece pasar a los anales de la historia por derecho propio. Por su coraje, su valor, su saber estar, por su capacidad de sufrimiento y su afán de superación;  y es que el atletismo es la mejor escuela para la vida. Si las cosas no salen a la primera, los deportistas hemos comprobado que ya saldrán a la siguiente y para ganarnos, cualquiera, tiene que hacerlo en la pista y dándolo todo, no sobre el papel y con altisonantes palabras. Ni  nos vencerán por el poder de su padre, ni por las influencias de su madre, ni por los mimos de la abuela. Tendrá que ganarnos la persona  dando lo mejor de sí y peleando cuerpo a cuerpo, porque nosotros sabemos que la posición en la llegada no la da la cuna, si no la marca.
Y aunque tildamos a los velocistas y saltadores de chulillos, presumidos y muy egocéntricos; a los fondistas de generosos en el esfuerzo, nobles de espíritu y voluntariosos; a los lanzadores de bonachones y difíciles de enfadar; al margen de estos estereotipos, es cierto que el atletismo imprime carácter y deja en la vida entera del que lo práctica la marca de haber luchado en el lado oscuro. Desarrolla en nosotros un sentido del humor que  permite disfrutar de cosas, de las que muchos se quejarían.
Somos atletas, corremos cuatrocientos, nos asusta el miedo al sufrimiento que tenemos antes de una carrera y del que no podemos escapar ni con la experiencia ni con la práctica. Eres consciente de que ahora estás bien pero dentro de un rato vas a estar tan jodido que tus piernas no responderán a las órdenes de tu cerebro. Desde  que suena el disparo de salida ya no existe nada en el mundo más que correr, tu cuerpo, y una voz en off  que  habla desde el centro de la tierra. Ordenas y ordenas pero el ácido láctico te devora, tal parece que te come hasta las entrañas, está acumulándose en tu culo. Los cuádriceps pesan toneladas y los isquios, bloqueados, se convierten en meros espectadores de la patética imagen que tienes de ti mismo en este segundo. Los brazos bailan la misma danza trágica y puede que el cuello, lugar por el que empiezan los desastres, este tieso como un palo.
Pero tú sigues allí, creyendo que pedaleas en el mismo metro de tu existencia, con la sensación de impotencia escrita en la cara, el corazón bombeando sangre a lo  loco y en vez de respirar, jadeas como un animal. Ciertamente así es la vida  y así siente, casi el universo entero, los últimos metros de una carrera.
Decía alguno de mis entrenadores, que los atletas tenemos amigos en todo el mundo  y va a ser verdad, porque  alguien que haya compartido contigo, de alguna manera, tamañas sensaciones de miedo y agonía será  tu amigo para la eternidad. Jamás olvidareis lo que os ha unido. Seremos amigos. Seréis amigos. Amigos para siempre.
Mientras estés  vivo, siéntete vivo. Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el bastón… ¡Pero nunca te detengas!  Nosotros, y hablo en nombre de todas  las personas que amamos el deporte, estamos totalmente de acuerdo con La Madre Teresa de Calcuta.

La familia del atletismo nacional y sobre todo  el asturiano está de luto. El amplio grupo de personas que en algún momento de nuestras vidas hemos compartido momentos con Yago Lamela estamos conmocionados. Este súper hombre que en mil novecientos noventa y nueve saltaba al otro lado del mundo para saborear la gloria, nos ha dejado. Guiado en sus mejores tiempos por el carismático Juanjo Azpeitia y mimado por el doctor Miguel del Valle, ha sacado a pasear nuestros mejores recuerdos de tiempos irrepetibles. Los que defendiendo los colores verdes y negros de nuestro adorado equipo de atletismo de La Universidad de Oviedo hemos compartido con él, autobuses, aviones y competiciones estamos pasando el trance de  despedirnos prematuramente de un tímido compañero. 
Azpeitia y Yago hacían buen tándem