EL JUEGO DE LA VIDA

Parece que estos días el insomnio lleva tu nombre porque en el origen de la historia este juego fue considerado como parte de una conmoción perfecta, yo diría que, en los datos DES para objetos trasneptunianos. No sabría deciros si en el cinturón de Kuiper o en la nube de Oort y cabe recordar que a principios de 1900 se supuso que había planetas más allá de Neptuno porque, de hecho, una hipótesis similar había conducido al descubrimiento de Neptuno a partir de distorsiones en la órbita de Urano. 
"El tiempo te dirá lo que 
vale cada persona"


Así, tras muchas coincidencias y casualidades, en las cuales los de mi clan no creen, decidimos jugar aquel juego en el que podías ganar no se sabe qué o perder tu estoicismo. Y como la locura y la búsqueda de emociones es una de las condiciones que más significan a los humanos, entonces, levamos anclas detrás de la infinitud del misterio. 

 Y empezamos a jugar y pusimos normas. Navegamos sobre las emociones que la vida tenía escondidas en las entretelas de nuestros instintos y seguimos jugando, entiendo que, con gallardía y altruismo. 

Aproamos el viento sin vulnerar la cordura pero… el final estaba escrito. 

A partir de casi nada te construí y aunque fuese el simple juego de una ingenua soñadora, pasó a darme instantes de pura vida porque, insisto, a partir de casi nada me regalaste todo lo que me atreví a reclamar y de mi mano tuviste algo de todos aquellos a los que quise, y quizás, solo quizás, algo de los que me ignoraron. 
 
Apareciste en mi fantasía, tan genuino, tan cercano y tan lejano e imposible que sería dueña de todas tus ideas y de ese paraíso que curaba las angustias, mientras yo moría lentamente entre unos versos. Podían ser las delicias que pensamos, las locuras que creamos en ese delirante rincón de la mente donde nadie nos encuentra, pero ahí estabas tú, de la mano de aquel juego de rol. 

 Y ahora que todo ha acabado, como en la crónica de una muerte anunciada, siento nostalgia de escuchar tu risa suave y angustia por sentirme abandonada en ese rincón del alma donde guardo sabe Dios cuantas locuras. 

 Hermana, ya no quiero significarme, ni pedir, ni decir, ni llorar, ni dudar, ni ser una más en juego tan antiguo como la propia humanidad. Hermana, ya no quiero ni jugar. 

 Podemos decir sin temor a equivocarnos, que en la vida todo es juego, y ya se sabe que en los juegos unas veces se gana, otras veces se aprende y las más de ellas, sencillamente se es. 

 Pero nadie podrá acusar a esta saga de humildes escritores, a la que gusto de pertenecer, de no tener arrestos para enredar; ni nos acusarán de carecer de imaginación para existir; ni mucho menos se nos vilipendiará por no poseer valor para vivir. 

 Pero por no saber, no sé si juego para poder contar, 

Si sueño para poder jugar, 

O, en realidad lo que hago es, fantasear para poder vivir. 

Pero lo cierto es que aquí estoy, a altas horas de la noche, disfrutando del puto insomnio 

 Que lleva tu nombre por bandera, Zeus. 


                                                                        ANA GARCÍA DE LOZA
"A donde sea que vaya la multitud,
ve en dirección contraria"
Charles Bukwski




EIVISSA

 NO HAY VERANO SIN SU BESO

En la línea del tiempo y con la vehemencia  que se comentan  las cosas que son absolutamente ciertas, os digo  que echo de menos esa manera de estar juntas. Escuchadme, ya no somos como éramos, nos hemos vuelto más felices y menos cerebrales pero todo tiene un final, amigas, lo que da valor a las cosas es saber que hay un final.

Buen presagio de un viaje de mujeres, 
todas mujeres.

El grupo no podía ser más variopinto y desplegaba una amplia gama de colores de piel (incluído el St. Tropez), de edades  y de idiosincrasias,  de gustos musicales y de estados civiles pero, aun  así, constituíamos un mundo paralelo lleno de empatía y de saber estar. Viajábamos  como viaja la gente que se ilusiona con la sencillez de la vida y, pilotada nuestra nave por la más jovencita, nuestros cerebros se convirtieron en un hervidero de sana emoción y de campechana templanza.

La noche anterior había sido buen presagio de un viaje de mujeres, todas mujeres. Compañeras, amigas, conocidas, pero mujeres al fin y al cabo; benditas mujeres  que pueden convertir en cálido y acogedor cualquier rincón del mundo y son capaces de dar la vuelta a situaciones muy complicadas. Benditas mujeres  que aportan chispa a mi vida cotidiana y me inducen a pintarme las uñas y a no bajarme de los tacones. Benditas ellas, que respetan el silencio y me hacen pensar que la feminidad, aparte de en una cabeza bien amueblada, también se intuye en la forma de estar en la vida. Honradas somos  por mirar al interior y observar la enorme valía que nos sustenta y, enaltecidas también, porque todas juntas conseguimos tener paz.

Algunas pensaban, otras protestaban y  todas dábamos órdenes porque  nada era importante y la vida trascurría  con ese flow  tan actual. Entonces  abrázame fuerte y te contaré que la existencia es ese momento reconfortante que ha pasado como un soplo pero que ha dejado un poso de amores y desamores, de batallas perdidas y guerras ganadas, de personas que conviven contigo y que tanto te dan; de divisar el ala de un avión a vuestro lado y atracarme de reguetón; de hacernos mil fotos y de alternar con la jet en el  Blue Marlin de Los Cabos o en Beso Beach de ses Salines y , por supuesto, el divisar  una  inolvidable puesta de sol con esa luz mágica en Cala Conta.

Y sí, la existencia de antiguas historias vive presente en nuestras cabezas porque todo lo que estaba más allá de la línea de lo habitual lo teníamos que imaginar, cosa que no ocurría en Eivissa, pero también sé que en este planeta, el nuestro, hay gente que necesita alivio por eso quiero arrullarlos con mi voz y dibujarles con palabras una armadura para su corazón, una armadura que los preserve de convertirse en un ejército de desalmados y contrariados. Por eso pido  la verdad en la existencia  o, lo que es lo mismo, deshacernos de la mentira que mata más lentamente.

Tendremos que poner siempre en valor  situaciones como esta que hemos vivido  porque ensalza el compañerismo,  entreteje amistades y fomenta el desapego, y sí,  la idea de que la vida es algo finito, Dios mío, nos obnubila la mente hasta hacernos olvidar que, de momento, estamos aquí y merece la pena el camino. ¡Merece tanto la pena!

 Por  vosotras, por nosotros; por una palabra de ánimo; por un: estás guapísima esta noche; por un vinito con confesiones; por eso y por mucho más.

¡Gracias a la vida,…por la vida y por teneros como amigas!

                                                                             ANA GARCÍA DE LOZA

Comer aquí, fondeadas, en Cala Bassa Beach Club, te da una perspectiva diferente de la existencia


 

LOS NIETOS DEL DIABLO

Nota de la autora

La historia de un país no se escribe solo con fechas y nombres con mayúscula. Por eso, mi objetivo, como humilde escritora que soy, es romper el silencio generado por el miedo en las familias a ser familia con el recuerdo y la memoria; aquella Longa noite de pedra del poeta Celso E. Ferreiro es un ejemplo de las muchas vidas destrozadas que el olvido engullía con apetito voraz. Darle vida a un ser querido que fue hijo de una época aciaga, por violenta, era un compromiso para mí. Porque es cierto que, si asumimos el pasado, se puede comprender el presente, que también sirve para proyectar una imagen de esperanza hacia el futuro.

Los nietos del Diablo

Esta es una historia real, llena de vida, de emoción, de aventura de alegría o tristeza…  tanto mía, personal, como vuestra. Porque en este nuestro país, todos encontraréis algo parecido si alguna vez tomáis la decisión de remover las cenizas, resultado de los fuegos encendidos de amadores, como diría el poeta. Si consigo que tú, querido lector, sientas como tuyas aquellas vidas recordadas en las páginas de mi novela, este libro habrá cumplido uno de sus cometidos y yo, personalmente, estaré satisfecha. Y a pesar de presentarse con una prosa sencilla, no prescinde del tono lírico y emocionado que le da alas al sentimentalismo que me llenaba cuando la escribía y profundizaba en los personajes. Has de saber que los ambientes y personajes son reales y propios cada uno de su época (Paulita y Dominga de principios del siglo xx, y la narradora y su prima, de principios del xxi), y con ellos la novela se abre hacia las vastas estepas legendarias de la Guerra Civil, y hacia la complejidad del alma humana, cuya parte más sórdida trata de comprender la autora con el amor a su propio abuelo, Fausto.

Hablar de esta obra supone hablar de una situación bastante normal para aquel siglo, donde un hombre, desarraigado por las situaciones, abandona a sus hijos. Pasado un tiempo, sus nietas, Marian y Ani, indagan en aquel comportamiento e intentan exculparlo a fuerza de recalcar los lazos de amor que dan sentido a su existencia. La contradicción se manifiesta al profundizar en los márgenes de la libertad del individuo, porque, cuando intentan paliar la mala actitud del abuelo basándose en las circunstancias históricas (la guerra o el hambre), siempre llegan a la conclusión de que otras personas, en iguales circunstancias, reaccionaron de forma diferente. Sin embargo, es justo terminar diciendo que escribir es lo mejor para comprender y justificar la razón de una voluntad rota por el destino. En fin, lector avisado, mi objetivo con estas letras es propiciar una lectura atenta para que esta novela se defienda sola en el proceloso mar de la vida que le tocó surcar a Fausto en aquellos tiempos.



LO REAL, LO IMAGINARIO Y LO SIMBÓLICO

 Voy a poneros al día; lo que os conté el mes pasado y lo que vais a leer a continuación forman parte de una historia corta que estoy pensando en publicar de manera inminente y que se titula, Atletismo de mi amor. Seguimos detrás de una joven inquieta y muy sensible, llena de energía, de amor y de pasión por  el atletismo. Una joven que a pesar de tener sus miedos y de haber sido educada en una sociedad de principios estrictos, y muy sesgados en función del género en la España de los sesenta y setenta, se reveló contra los cánones establecidos, la doble moral y el papel pasivo de la mujer en el mundo. Reclamó para sí la independencia de criterio y la capacidad de gestionar sus propios sentimientos, y en aquel momento, no era muy consciente de ello.

Atletismo de mi amor.

Así continúa esta leyenda contada por nuestra amiga:

"Él, era atletismo en el sentido más mitológico que la palabra pudiera poseer. Él y su vida; él y su independencia; él y sus ideas simples; él y sus tontas preguntas; él y su infantil presunción; él y nada, él y todo.

Fueron dos largos años de perseguir una quimera, de necesitarte, de soñar contigo; una noche este verano te buscaba entre las paredes de madera de un hotel en la montaña y te encontré guiada por tu risa…..ohhh tu risa.

Esta es mi vida y no voy a dejarla pasar porque sí, no voy a irme a ningún sitio sin volver a hacerte el amor, sin haber sentido tu corazón cerca de mí, sin encontrar simpático tu romanticismo, sin subirme a tu espalda, sin envolverme en tu manta, sin observarte ahí abajo, sin mirarte mientras  duermes, sin apoyarme en tu pecho, sin peinarme con tu peine, sin abrazarme a tu camisa, sin controlar tus maniobras, sin disfrutar de tu ingenuidad y sin echar un vistazo a la toalla que te envuelve recién salido de la ducha. ¿Sabes? Lo nuestro no fue pecado y además, yo no te culpo de nada.

Después en un amanecer limpio, en el que las calles no estaban puestas, me diste tu mano. A pesar de la noche loca que llevábamos encima recuerdo la caricia del aire en la cara, tu media sonrisa tan significativa y tu dulce expresión; tus locas manos, tus largas piernas, tu pelo mojado y tu ternura… ¡tu innata ternura!

Al cabo de la calle estaba el deportivo negro, entonces, diste media vuelta al Opel para abrir mi puerta con caballerosidad (no pude evitar pensar que era costumbre y eso me dolió porque trajo a mi mente lo efímero de este amor). Te sentaste con tranquilidad, te acomodaste y me besaste así, ligeramente, de forma espontánea como si fuéramos a compartir el resto del domingo o  incluso el resto de la vida (que no fuera así también me dolió pero siempre me he sentido un ser muy especial y aun siéndolo, creo que no seré capaz de olvidar esto)

Nunca te podré olvidar.

A esa mañana, de adiós sin palabras, le siguió su noche  y a esa noche le siguió otro día, y otro, y otro más, y a mí me gustaría saber dónde estás, qué haces, cómo te mueves y en qué piensas, amor, porque yo solo pienso en ti.

Cuando me llevaste a casa aquella madrugada de domingo, odié llegar. Odié no poder preguntar si te volvería a ver, sabía que nuestro momento había pasado. No pude dormir, solo te he echado de menos desde aquel momento hasta ahora mismo. Que desangelado está siendo este invierno del ochenta y tres. Tengo frío y el amor propio todavía me duele, sin embargo, no quiero que esta herida se cure.

¡Ohhhh Dios mío!

¡Tampoco quiero volver a la rutina,… pero de alguna manera tendré que olvidarte!"

 

Y de repente nuestra joven amiga se encontraría con un enemigo diferente: EL SILENCIO. Este la había devuelto a la realidad de su mundo, pero ella se repetía como un mantra algo que su padre decía a menudo, saber y  hacer deporte son las únicas soluciones contra la pobreza de espíritu y la sumisión.

Sé que no necesitamos más palabras entre nosotras porque nos comunicamos a través de un vínculo generacional eidético, sobre todo aquellas que hemos vivido imbuidas del espíritu conservador de la sociedad.

Además, y sin previo aviso, me acuerdo de Jacques Lacan y su teoría de lo real, lo imaginario y lo simbólico y entiendo que esta breve historia (de la que no habéis leído el final) aúna en su contenido los tres sustantivos en género neutro,... ¡como la vida misma!

   

Lo real, lo imaginario y lo simbólico
                                   Lo real, lo imaginario y lo simbólico


                                                                           ANA GARCÍA DE LOZA

 

 

DÉJAME QUE TE CUENTE

Resulta interesante leer lo que pensaba una jovencita de veinte años a principios de la década de los ochenta, porque los jóvenes de cada generación son los memorables creadores de imperios de sentimientos y emociones, además, tienden a ser siempre los mismos románticos y excéntricos cuya apertura a lo irracional  -las emociones, el misticismo, el éxtasis- los convierte en unos inadaptados en sus propias sociedades.



Todavía tengo veinte años.
1983. Todavía  tengo veinte años, mi pelo es rojizo y mi cara está cubierta de pecas, muchas pecas. Soy deportista de competición y me siento atleta hasta en lo más profundo de mi espíritu. Dice mi entrenador que los atletas tenemos amigos en todo el mundo y aunque yo tengo pocos amigos estos son buenos, pero conozco a mucha gente; me gusta la gente.

Estudio lo justo para aprobar porque solo voy a la facultad cuando acabo el entrenamiento y tengo claro que la única herencia que me van a dejar mis padres va a ser una buena formación, eso sí, me han enseñado a ser buena gente y a ser agradecida. Procuro no hacer a nadie lo que no quiero que me hagan a mí, pero a veces me cuesta.

Estoy segura de que la energía de la pasión mueve el mundo, pasión por lo que sea, por el arte, por la danza, por el amor, por el deporte, por los libros. Hace un par de años dudé entre dedicar mi vida a la literatura o al deporte y de momento me he decidido por correr.

Tengo buena afinidad con los que me rodean y a pesar de no ser excesivamente guapa, soy resultona (eso dice mi amiga) además de muy coqueta, y siempre tengo algún pretendiente que, dicho sea de paso, no me suele interesar mucho pero me halaga. A día de hoy un chico que no haga atletismo, que corra como un pato o que no sea bueno sobre el tartán, no me interesa, es decir, ni lo veo.

Viene a cuento decir que mi padre me educó como a un chico de la época y solo me exigía estudiar, viajar y hacer deporte. Creo que ya os he dicho que soy amiga de mis amigos y procuro no fallarles nunca, será por eso que tengo pocos. Parece que me gusta ser el centro de atención de algunas reuniones y admiro la inteligencia. Soy simpática pero a veces demasiado trasparente, otras veces soy capaz de callarme a tiempo. Reboso generosidad en las cosas materiales (eso es cosa de mi madre) y le concedo poca importancia al dinero, por el contrario soy muy posesiva con las emociones. No me gusta estar donde no se me aprecia e intento ser tolerante con los débiles. Defiendo a los que son injustamente tratados en mi presencia, sin embargo en otras ocasiones me callo o soy yo la injusta.

Adoro a los perros y aunque soy Antoñita la fantástica cuando tengo que poner los pies en el suelo resuelvo problemas y soy eficaz buscando soluciones. También dice mi padre que mi independencia, en los tiempos que corren, pasará siempre por tener independencia económica, así que peleo por las cosas que quiero y soy consciente de que me tendré que buscar la vida  pero nunca negociaré mi libertad con nadie, mi vida es mía.

Hace un par de años me enamoré de forma platónica (soy muy sensible al amor y a la fama) de un personaje popular y hace pocas horas el escenario cambió  por eso creo que es buen momento para trascribir íntegramente lo que como joven enamorada garabateé en una libreta con el objetivo de deshacerme de mi angustia amorosa.

Febrero de 1983: Quiero vivir, que no me ate el futuro ni las conveniencias, ni la asquerosa moral de la decrepita sociedad porque mi conciencia es la mejor moral. Quiero sentirme segura, respirar libertad, dedicarle mi vida al cielo, al infinito y a las estrellas, a la locura y también lo quiero a él, por nada que yo sepa, es lo contrario a lo que me gusta en muchas cosas y sin embargo tiene un toque que me envuelve, me obnubila la mente y me magnetiza.

Parece que ella nunca había mostrado ningún interés por las cuestiones ideológicas, aunque como estudiante se alejaba del conservadurismo y aunque se sentía algo insegura en un entorno altamente politizado se hallaba como pez en el agua en un entorno altamente intelectualizado.

Y hasta aquí podemos contarte hoy. No está claro si nos interesará el camino de aquella jovencita de los ochenta pero si que tenemos claro que la vida es una rueda con historias que se repiten y se repiten, y de pronto siendo todas iguales, todas son diferentes.

Adoro a los perros y admiro la inteligencia.


                                                                           ANA GARCÍA DE LOZA


MAESTROS

 

Decidme que sí, que alguna vez habéis sentido que todo cambia y que estáis perdidos en vuestro entorno; que es mentira, que realmente no controláis nada ni a nadie y que lo mejor es dejarse llevar. A veces nos pasa.

Que conexiones extrañas tendrán lugar
en mi cerebro.

Otras veces, decidme que sí, vuestra memoria juega con vosotros y os ocurre como a mí el otro día: Salgo de mi despacho con uno de mis compañeros y veo acercarse una silueta, recortada contra el cielo azul de mi querido Colegio, una silueta grande y llamativa con mascarilla y lógicamente sólo con sus ojos a la vista; se acerca a nosotros y nos dice:-¡Hola! ¿Me conocéis?

Que conexiones extrañas tendrán lugar en mi cerebro que mirando aquellos ojos durante una décima de segundo, dije:-Tomás Trabadelo-Todos nos quedamos quietos e incluso asustados, y yo, atónita. El exalumno continuó diciéndonos que tenía cuarenta y ocho años y que lo habíamos visto por última vez hacía la friolera de treinta años y, además,  era padre de una niña que actualmente pertenece a nuestra comunidad educativa.

Esa noche cuando se apagaron las luces de mi cabeza, me preguntaba de donde me habría llegado el chispazo para dar con el nombre exacto del muchacho, pero tampoco hay que darle mayor importancia porque cosas de ese calibre me ocurren a veces.

Mi hija me dice que no, pero a veces siento que he vivido tantas cosas, he sentido tantas emociones, me enamorado de tantas situaciones, he admirado a tantas personas, que eso significa, de forma definitiva, que me he hecho mayor,…tan mayor. Pero aun así pienso que la vida es algo fascinante, tiene magia, es poesía, es puro arte. La vida tiene que ser música, tiene que ser limpia, tenemos que vivir con nuestra conciencia  y, ya se sabe, vale más estar a gusto con uno mismo que tener razón. No debemos de  juzgar a nadie a la ligera y en este punto siempre recuerdo a mi madre, Anita, que era la abogada de las causas perdidas. Valoremos nuestro tiempo, observemos hacia donde nos lleva nuestro caminar y vigilemos nuestros pies, disfrutemos de cada una de nuestras pisadas. Nunca el hacer bien a alguien fue tiempo perdido.

Dos días atrás, a las trece horas en Asturias, yo, hija de hombre carismático y mujer generosa, con corazón de atleta, la cabeza llena de palabras y el alma de maestra, estaba en un mostrador y a mi lado una mujer, a la que yo había mirado sin ver, me dijo: -¿Profesora?-Y en ese preciso momento, otra vez el chispazo al ver unos ojos que no miraba desde hacía miles de años:-¿Juncal? Juncal Salván Meana vino a mi cabeza.

Siempre digo que algo me une a mis alumnos, algo que no se borra, ni se olvida, es un algo que me produce esos chispazos en la memoria y que consiente que todos y cada uno de ellos permanezcan en mí porque puedo decir, sin temor a equivocarme, que ellos me quieren porque yo…los quiero. También es un honor haber formado parte de sus vidas; espero haberles inculcado alguno de los valores que para mí siempre han sido fundamentales y, sobre todo espero, seguir estando por siempre en su corazón.

Y desde aquí les digo, como Virginia Woolf, que no tengan prisa, que no necesitan brillar, no necesitan ser nadie salvo ellos mismos.

                                                         Ana García de Loza

                                No tengáis prisa, no necesitáis ser nadie salvo vosotras mismas.

                               La foto de CARLA PASTOR y BLANCA DE LAGO.


VIVIR ES VER PASAR

 

Éramos  una clase de población  por fuerza intolerante y engreída. Los niños nacían en un mundo frívolo y apresurado, eran educados en él, en el llegaban a viejos y, finalmente, en él morían.

Ella ha visto pasar muchas nubes.

Pensábamos por razón natural, que controlábamos el numeroso e interminable desfile de sucesos de nuestro día a día, con su confuso rumor de rezos, súplicas, voces, gritos, y con nuestro ahogado caminar nos creíamos la cosa más grande del mundo; y nosotros, en cierto modo, los propietarios de todo aquello. Y tales éramos, en efecto, o por lo menos como tales nos considerábamos hasta que un bicho irreverente volvió nuestro universo patas arriba.

Y nos hizo enfrentarnos a nuestra soledad; y los obligó a morir solos; y acabó con la vida social que conocíamos; y en definitiva nos forzó a una introspección de la que siempre fuimos esquivos. Punto y aparte.

Si hacemos lo que podemos, ya no podemos hacer más. Si respetamos las normas, si no ponemos en peligro al prójimo, si somos buenos con nuestros semejantes, si decimos la verdad, si no hacemos lo que no queremos que nos hagan… ¿Qué nos queda?...Vivir.

Vivir con cuidado pero sin miedo. Vivir amando pero en silencio. Vivir disfrutando pero sin juzgar  porque como decía Azorín.

“Vivir es ver pasar: ver pasar allá en lo alto.

  Vivir es ver volver. Ver volver todo en un retorno perdurable,

  Y eterno -angustias, alegrías, esperanzas-, como esas nubes

   Que son siempre distintas y siempre las mismas”

 

Seamos, nosotros también, hacedores de sueños porque el mundo, como siempre, sigue siendo una franja infinita que encierra miles de miradas e historias por contar.

                                                                 Ana García de Loza.

 

Yo también he visto pasar muchas nubes; pero desde aquí
se ven con más optimismo. NAVIA de mis dulces sueños.