EL ARTE DE BIEN MIRAR


De vez en cuando sonreían al sorprender la cara de simpatía en algún desconocido.  Solemne y
Un ensueño de ideas en momentos de emoción.
Va porr vosotras chicas
majestuoso, notaban el pulso de la ciudad en aquella Atlántida emergida, cuyo encanto avivaban olas y mareas, y les incitaba a apreciar el placer de ser mirado y de mirar, que acomete al que se siente diferente. Siempre me ha impresionado el encanto de dejarse llevar, saboreando escenas callejeras.

Tenemos claro, de vez en cuando, que  hay que echarle una pizca de emoción  a la vida, para recordarnos a nosotros mismos, lo maravilloso de pasar por el mundo; lo asequible de saber disfrutar las pequeñas cosas que pueblan la existencia, y, la facilidad con que  estas pequeñas cosas  nos inundan de eternidad.

El objetivo, un concierto  en el Kursaal, que Charles Aznavour  suspendió a última hora.

Así la situación, amanecimos paseando por La Concha. Con una amistad poblada de contrastes, de personalidades diferentes, de necesidades manifiestas, de oportunismo bien hablado y mejor llevado. Amistad de mucho tiempo compartido, de confidencias inconfesables, de vidas que van pasando, de respeto omnipresente. Del mismo color de pelo, de estilismos impecables, de horas al teléfono, y de que al final, aquí estamos rueda que te rueda, ahuyentando la rutina.

Y como no podía ser de otro modo, un ex alumno, en este caso toda una cocinerita niña bonita, Covadonga Echevarría, nos hace la vida más dulce  poniendo la guinda a un par de días llenos de solecito, buena y docta compañía, chacolí, Barrio Viejo y  tradiciones.

Donostia es una ciudad mimada por el viento, y como la belleza es un arte en sí mismo, no necesita explicación alguna. Su paisaje, sus avenidas, sus donostiarras, así como su arquitectura moderna, configuran una urbe con un cierto tufillo francés y aburguesado. Desde siempre, nos encanta. Por todo ello, no es de extrañar, que a pesar de sus pequeñas dimensiones San Sebastián vaya a ser Capital Europea de la Cultura en 2016.

Apoyadas en la barandilla de la Concha, uno de los iconos más universales de la ciudad, que Juan Rafael Alday colocó en 1900, decidimos que todo lo que necesitábamos en aquel lugar era, mirar a la vida.
Después, mientras callejeábamos enarbolando nuestra fantasía al viento, conseguimos que cada momento se disipase en medio de detalles costumbristas. Y con renovado sentimiento de sorpresa, ondeamos la bandera de lo posible, porque de la misma forma que la poesía o la pintura, también la vida tiene sus obras maestras.

Y de una manera curiosa, la personalidad de la mujer que me acompañaba, ha sugerido un enfoque  atípico a mi percepción de la normalidad, y llego a la conclusión de que puede haber tantas variedades de vidas  como  de personas. Entonces, vislumbro la realidad  de una manera que antes me estaba oculta. Un ensueño de ideas en momentos de emoción. Sin saberlo, ella, define  las líneas de una escuela que tiene en si toda la pasión del espíritu romántico, y toda la perfección subjetiva de los griegos.

En nuestra ignorancia hemos separado el alma del cuerpo creando un realismo vulgar y un idealismo vacío. Así que, una comida en la Tagliatella y un tiempo de tiendas, inmersas en el glamour de esta ciudad, hace que la realidad sea menos vulgar; además, alguien con quien dar rienda suelta a la ilusión, hace que el idealismo se llene de tu imagen. Chapeau.

El cielo, de un azul puro, recortaba la torre del María Cristina brillando como la plata cuando regresábamos en la noche, y del edificio situado enfrente se estaba elevando una delgada columna de magia. Era el Teatro Victoria Eugenia, y la magia se retorcía como una voluta en el aire nacarado. De pronto, di media vuelta y acercándome a la ventana, descorrí la cortina para que el brillante amanecer inundara la habitación, expulsando los gozos ideales a sus escondites polvorientos, donde se acurrucaron esperando la próxima ocasión.
La risa, pensaba, no es de ninguna manera una mala consejera en unos días de camaradería. Porque  hubo risa, y hubo camaradería.

Para el mundo que viene, ando rogándole a Dios que nunca te vayas,… de mi cabeza. Y como he oído decir al Profesor, es  la vida más que la muerte, la que no tiene límites.

Como la belleza es un arte en si misma, no necesita explicación alguna.
Foto Hotel María Cristina, Donostia.



EL BACH DEL FERROCARRIL


Mañanas del domingo llenas de escalas y arpegios. Tardes  de paseos a la estación  y de guateques en
Construye; siempre construye y llegarás
tan lejos como puedas imaginar. La
foto de CRISTINA SÁNCHEZ
el Casino. Las escalas formaban sonidos fluidos que recorrían el piano de arriba abajo, como el viento, mientras que los arpegios se saltaban algunas teclas y sonaban como el aguacero en un tejado de metal.
La primera vez que posó los dedos en las teclas de marfil, supo que la música  ensanchaba el corazón, pero no esperaba que pudiera ensancharle también el horizonte.

Caminaron serpenteando por las calles de aquel pueblo longitudinal para llegar, con los primeros calores de la tarde, hasta el apeadero del tren.
Se detuvieron un rato, con el interés de quien mantiene una conversación delicada, y siguieron por la carretera que se estrechaba cuesta abajo en un pequeño túnel, conduciéndolas finalmente, hasta uno de sus lugares preferidos en aquella ciudad. Avanzaban medio tapadas por la sombra del muro, formado por arcos de medio punto pintados de blanco, y mirando los tejados rojos de las casitas que se apilaban en las orillas del camino,  llegaban a la estación del ferrocarril de Sueros, donde soñaban con la vida.
Un maquinista de uniforme y gorra azul recorrió el andén y a una señal, que no llegaron a ver, empezó a tocar el silbato con todas sus fuerzas para que la gente fuera consciente de que el tiempo se acababa. A las cuatro de la tarde de aquel día en el que el sol salía tibio entre las nubes, después de una noche lluviosa,  y  mientras unos niños  metían los pies en el charco, que había justo en la explanada delante del viejo edificio, ellas, se empapaban del ambiente inquieto y expectante.

Allí sentadas discurría el tiempo sin sentirlo; la gente iba y venía; todo parecía normal, nada alteraba la dinámica de la existencia. Concurrían en aquel espacio finito, diferentes  formas de enfocar  la vida, de vestir, de querer y, por supuesto, distintas y ceremoniosas maneras de besar. Milagrosamente, todas pasaban delante de sus narices, como si realmente  estuvieran ante el más variopinto escaparate de especímenes del  mundo.
Cuando cansaban de ser observadoras, se dirigían hacía un vagón abandonado en vía secundaria que ponía nombres, grabados con el canto de una piedra en el metal, e intentaban hacer diana. Con un puñado de piedras en cada mano y ese afán competitivo que caracterizaba a aquella generación, peleaban en juego limpio y no muy propio de chicas; reían por cualquier tontería hasta doblarse por la mitad; se prometían amistad imperecedera e imaginaban el futuro. Cualquier día el abuelo Usátegui nos riñe. No creo, decía su contertulia, soy su nieta preferida y tu mi mejor amiga, además el vagón está estropeado. Nadie nos ve.


Tenían muchas ganas de subirse a un tren. Cualquiera que se alejase de allí y les evitara estudiar el examen del día siguiente. Las noches de los domingos, después de la cena, siempre eran divertidas. Dormían juntas, charlaban hasta bien entrada la madrugada  y en esta ocasión, Gloria, asomada a la ventana de aquella casa, en la antigua calle Jose Antonio se echaba un cigarrito y le hablaba de  su amor americano. Mientras, ella, sentada en la cama y abrazada a un cojín, que olía a Estivalia, le decía, entre risas, cuan aburrida era, tanto tiempo enamorada del mismo chico.
No sé si la grosería se te quitará al crecer o no tendrás solución, se enfurruñaba la amiga.

Notaba la entrada de la estación a su espalda y sabía que podía escabullirse sin que ningún conocido la viera ni le hiciese preguntas, pero le gustaba formar parte de aquella multitud y aunque fuera una extraña se sentía parte de aquel gentío. Había risas, voces por todas partes y niños correteando en el andén. No entendía que tenía la estación para que la gente riera y llorara al mismo tiempo. Puede que la risa siempre esté detrás del llanto pero solo asome cuando tenemos ilusión o aguardo, razonaba convencida.
Cerca de los trenes notaba la vida bullir en las venas, la agitación por el destino incierto  y la absoluta certeza de que el mundo era irremediablemente maravilloso. Las emociones fluían allí solo con respirar, y parecía este un motivo más que suficiente para  cautivarla.

Sucedían muchas cosas en el devenir cotidiano que siempre le había costado entender, como que el futuro no pudiera arreglarse y siempre estuviese, como el mar, más allá del horizonte. O que la gente fuera, asquerosamente, egoísta por naturaleza y en vez de intentar arreglarlo echase  la culpa a sus padres y a la educación. A medida que fue creciendo aprendió que estas cosas se explicaban, algunas veces con los distintos matices de las palabras, otras con las diferentes tonalidades de  las notas musicales, pero nunca, nunca, llegaban a sonar  bien.

Mirando a todas aquellas personas que pasaban a su lado  en la estación se preguntaba, con una curiosidad loca, que clase de vida llevarían, a quien amarían y  por quien llorarían. Algunos de estos personajes la fascinaban. Otros sencillamente la asustaban pero flotaba en el aire el efluvio de una pócima exquisita que la hacía sentirse ávida de sensaciones, y entonces no podía menos que decir, que aquel Mieres suyo, de cielo gris y espíritu amable, con sus pecadores sórdidos y sus pecados espléndidos, como apuntaba el Lord Henry de Oscar Wilde, debía de tener algo grandioso preparado para ellas.

A veces me duele y sigo tus huellas, pero me digo a mi misma que estoy cambiando. Me digo, que puedo ahuyentar el desasosiego de tu indiferencia si me concentro en lo que hago, o en separar los ruidos de fondo de la vida. Y de pronto me llevo una sorpresa; nunca había pensado que pudiera haber música en la estación del ferrocarril, pero la hay, sí  que la hay para quien sabe escuchar. Gritos, cantos, lloros, silbidos, golpes de metal, extrañas pulsiones. Todo encuentra un lugar sin proponérselo y se combina para formar una sinfonía vibrante y en continuo movimiento.
He concluido en llamarlo el Bach de la estación del ferrocarril y noto allí, sobremanera, la esencia  del número cinco de su concierto de Brandemburgo.

Adoro la estación y te adoro a ti. Con tu música y tus sonidos.

Para quien le interese, Gloria Usátegui fue una de mis mejores amigas durante la adolescencia. Hace muchos años me ignoró sin más, y me regaló un abandono. Se fue con su americano a Simi Valley. Posteriormente volvió a abandonarme, esta vez de forma epistémica, y me siguió ignorando. Aun así continúa  formando parte de unos recuerdos, a caballo entre Mieres y el resto del mundo. 
¿Qué clase de bicho seré que algunas personas me olvidan con suma facilidad, y otras no me quieren ni conocer?
 
A veces me duele, y busco tus huellas.

EL REGALO DE LA RABIA

Pensé que era dueña de mis emociones. Aunque si antes estaba equivocada, ahora estoy desbordada
No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas
imponer a la libertad de mi mente. Virginia Woolf.
La foto de LAURA LORENZO.
por un sentimiento que me zarandea. Creía tener buen corazón y perdonar fácil, pero resulta que solo 
soy un ser humano que se revuelca en su propia ira, cuando le toca, y que vive los sentimientos con pasión. Quiero olvidarme de la gente mezquina, de los que me hieren, quiero que existan en mi vida el tiempo imprescindible y que no sean esos bichos los catalizadores de mis sentimientos hacia otra gente.

Me miró sorprendida y quedó callada unos momentos, observándome, mientras yo esperaba su respuesta con el libro abierto encima de las rodillas y las gafas en una mano. La tarde estaba avanzada y el sol que  entraba por las cortinas era cada vez más tenue. En la sala solo se oían nuestra conversación, era como si la extraña voz de  mi ira no hubiera pasado por  allí.
Las cortinas volvieron a moverse con la brisa fresca que traía la  primavera y el mundo exterior entro de nuevo en la habitación; el fa sostenido del silbato, del último tren del día al salir de la estación; el olor de la sopa que mi madre estaba preparando para la cena; las voces, amortiguadas por la distancia, de los niños jugando en la capilla.
Entonces me habló con tono pausado, el habitual en ella, como si la reflexión saliese con facilidad de lo más profundo de su ser. Desde luego los egoístas pueblan el mundo, dijo, como si fuese algo irremediable que hubiera egoístas,  y hasta te podría decir que resulta  imposible no tener, en algún momento de la vida, los pies metidos en ese charco.

Muchos años han pasado de este episodio y sigo enfadándome con algunas personas que me sacan de quicio. Menudos bichos. En aquel momento ella había sonreído con benevolencia; solo tienes que ponerte en su lugar, intentar perdonar. Era uno de esos atardeceres en los que el pueblo tiene una extraña y cálida luz que va del gris al  azul intenso, y el oscurecer conservaba el brillo mucho más tiempo de lo que parecía posible.
No esperes nada de ellos, a no ser cuando te vengan a pedir. Pero cuando el bicho te ofenda, entonces ponlo en su sitio y luego apiádate de él, porque lo único que da el bicho, es pena.

El primer paso para aprender a manejar la rabia es saber que el desencadenante, no es la causa. No nos enfadamos por lo que la gente hace, la auténtica razón de nuestra ira es algo en nuestro interior que reacciona a esos hechos. Y en la lista de necesidades insatisfechas que están detrás de la ira, aparecen el interés, la aceptación, el reconocimiento, la independencia, la pertenencia, la confianza, la honestidad y un largo etc.
En este mundo, como bien dicen por ahí, las apariencias pueden engañar, pero el alma de las personas, eso que subyace en el fondo de cada cual; eso, no se puede esconder. Y además, ya lo sabíamos.

Desde hace un tiempo, aunque los egoístas me resulten familiares con sus cuitas y escarceos, ya no son nada. Me asusta la sensación de no quererlos, la conmoción del desamor y el sobresalto del desapego. No. Esto nunca será del todo cierto.

Nos damos cuenta de que el malestar y la contrariedad  no es algo de lo que tengamos que huir, forma parte irrenunciable de la experiencia de la vida. Esquivar el enfado es una tarea imposible, y a menudo, este se agrava cuanto más lo intentas evitar. Deberíamos entonces enfrentarnos a él para liberarnos de conductas y respuestas arraigadas, en las que tendemos a quedarnos atrapados. Por eso debemos de agradecer el regalo de la rabia que nos permite descubrir las carencias que tenemos, normalmente, bien escondidas.
Si fuera capaz de contar todo lo que sentí, no habría ni un lugar en el universo que no hablara de ti, y le ofrecí a la casa un nocturno de Chopin en do sostenido menor, una obra que no se publicó hasta después de la muerte del compositor. Creo que es el mejor de sus nocturnos y por eso quiso conservarlo solo para él. Es una joya que toca el cielo cada vez que sube una octava, pero también adoro a Chavela, y creo, como tú, que uno siempre vuelve a los lugares donde descubrió la vida.

Absurda tendencia la mía, a repetir situaciones indeseables y establecer vínculos perniciosos con el mismo tipo de personas. Tal vez no soy quien pensaba que era, o por lo menos, no sólo soy eso.

Ya estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas, los libros alrededor,  y volví a sentir que se me helaba el corazón. Sé que no puedo retenerte, sé que esto no es para ti lo mismo que para mí, aunque  se convirtió en una conversación secreta entre tú y yo.
Supongo que es cuestión de encontrar las palabras oportunas. Me miré las manos que habían escrito cientos y cientos de señales. Incluso las palabras obedecían a las leyes de la piel ¿porque tú no? Ella siguió hablando, pero me costaba oír lo que decía. Nada le interesa. Mi cabeza parecía incapaz de aceptar lo que estaba oyendo, y solo me llegaban frases sueltas. Siempre me habían valorado por lo que era y por lo que hacía. Y recordé, con los ojos llenos de lágrimas, cómo te quedabas quieto mientras me alejaba. Quizás sea otra señal. Nunca me habían tratado de esta manera. Siempre me habían considerado digna de escuchar.

Tal vez no soy quien pensaba que era. O por lo menos, no sólo soy eso.




SILENCIO



¿Qué es el silencio?  En las tempestades de arena que gritan en el desierto, hay cientos de rocas, como días, que esperan impávidas, la destrucción y las formas que insignificantes jinetes cincelan sin compasión por los gemidos.

 Lo mismo que el silencio: las mismas arenas son los sentimientos  que se hacen tormenta cuando huyen de las palabras: nos socavan  y nos hacen diferentes cuando mudos, somos esfinges sin el rayo de la palabra: eterno retorno a la nada. JOSÉ FDEZ. I.N.B.Q.

Somos esfinges, sin el rayo de la palabra.

VISOS DE ETERNIDAD

Cerraba la noche que precede al día. Noche de visiones, de misteriosa comunicación con  mundos
El cielo será para vosotros del color que elijáis.
La foto de MARTITA y CARLOTA NICIEZA
invisibles y ella enteramente a solas, dueña  por un momento de la desierta sala. Sentada sobre la alfombra no cansaba de contemplar los reflejos de la llama en las lejanas profundidades de la chimenea, donde  buscaba los dormidos  ruidos del amanecer aún por llegar y pensaba en este amor, que al fin, no es más que amor. No molesta, no va a ningún sitio, no importuna. Sólo es  amor.


Imaginándote, sentía crecer las palabras entre sus dedos. Se unían unas a otras para formar una cascada de impresiones, y lo mismo que Mozart o Chopin estaban todos los días dentro de las teclas de cualquier piano, en la caja que contenía tus recuerdos, esperaban montones de melodías que nunca podría tocar. El interior de ese cofre acogería tanto mundo como fuera capaz de inventar. Existía la indiferencia, sí, pero también había música suficiente como para olvidarse de la realidad.

Parece que de alguna manera hubiera sido hipnotizada  por aquel cúmulo de ideas, las cuales, cruzando las fronteras del miedo y del espacio, la llevaban hasta ti.Tú, que con un simple comentario, puramente formal, iluminabas su fantasía.
Si algo le pasmaba era la magnitud de esta devoción que la arrastraba de una manera chispeante  a un lugar, donde el infinito estaba al alcance de su mano, si tocaba tu mano. Y  no abogaba por lo becqueriano, exultante de calificativos, no; este era un  mundo donde  tu linaje, tus ojos, los sonidos y el no saber de qué color es el viento, limitaban a un intelecto puro y duro. 

Si supieras que algunas veces querría tu sonrisa sólo para ella, y si pudieras ver que algunos días se moría por tener tu atención, entonces, estaríamos de acuerdo en que este amor tiene visos de eternidad.

Atravieso por momentos de aturdimiento con respecto a esta historia, dado que determinadas personas muestran una  fatua superioridad moral, por disfrutar de una situación privilegiada. Esta gratuita superioridad es atribuida al hecho coyuntural  de pertenecer a un grupo social, y tiene como primer mérito haber nacido en un sitio concreto y no en otro. Quiero creer que no es tu caso, además, deseo que el cielo sea para ti del color que elijas, que no tengas el corazón de hielo y que saborees cada minuto de la existencia.
Hace tiempo supe que no eras tú; era yo quien ponía a tu imagen sonido, intenciones, cábalas y respiración, dejando la realidad,  digo como casi siempre, muy por debajo de la fantasía ¿Estoy acaso tan acostumbrada a este eterno siempre lo mismo, que la idea de olvidarte me asusta? Mañana tras mañana renuevo la evidencia de perennidad  a un sentimiento, que se me antoja de pronto, un islote acosado por las tempestades. Un día, dos, y  se pasa la inquietud. Vuelvo a tenerte como te adoro.

A estas alturas ya sabes que siento por ti amor del bueno y si me dejara llevar por el impulso, con la misma inocencia que me dejo llevar por la imaginación, te ofrecería algo más original que la luna; te brindaría tu  propio corazón,  pero un corazón liberado  de  las cadenas que no te dejan ver el cielo, y  pienso en qué te puedo dar que no te ofenda. ¿Será, no lo quiera Dios,  el olvido?

Sigo enteramente a solas contemplando los reflejos de las llamas. No canso de contemplar las llamas, cuando aparece Ana Belén recordándome que, quererte tanto me cuesta nada.

El blog en el que escribo, Para ti querida Isabel, surgió para purgar un corazón y para honrar a una  madre. A  punto de cumplir dos años, ha pasado largamente de  las setenta y dos mil visitas,  lo que sin saber exactamente qué significa, me llena de orgullo  y deleite a partes iguales. Millones de gracias y un cálido saludo para todos y cada uno de vosotros que, disfrutando de estas historias, os metéis bajo mi piel y compartís sin  prejuicios los momentos de una vida.

Amor que al fin, no es más que amor.

FEMENINO SINGULAR

Heme pues súbitamente ante un papel, dispuesta a despojar de gracia tu altanería. A esta escena precede, un vídeo de tu recolección y un comentario falto del encanto que se te presupone.
Jamás podrás huir de tu corazón .
Así que más vale que escuches lo que tiene que decir.
Paulo Cohelo. La foto de PAULA  Fdez. Trapa
Corría con el viento azotándole  la cara mientras el corazón latía por y para ella. De esta forma se encontraba  a sí misma y  era más sencillo reflexionar. En esa tesitura, lo interesante es que  se desvanecen  los límites entre cuerpo y mente, resultando fácil  separar el grano de lo inútil y llegar a  consumaciones eficaces. La fusión donde desaparecían fronteras  la ayudaba a evaluar, entre otras cosas,  la información y las sensaciones percibidas, y la guiaba por la senda de su propia verdad.
Ya en la adolescencia era capaz de valorar la importancia de un tema cuando esa cuestión se mantenía presente  mientras entrenaba. Sufría, disfrutaba, peleaba y vivía intensamente en la pista. Pocas cosas sobrevivían a una sesión de láctico donde  lo dabas todo.

Si con una formación avalada por algunas entidades  públicas y otras privadas, le preguntasen, en una entrevista en directo, con que  personaje histórico de su país se sentía identificada; en el  hipotético caso de que eso ocurriese, entonces, tendría que pensar y  pensar rápido para salir airosa de la situación.

Así,  metro a metro, hacía recuento de personajes y llegó a la conclusión de que en su juventud se habría reconocido como Juana de Arco, aunque no era española, siempre le había llamado  la atención por la vehemencia con la que defendía sus ideas y a sus amigos, por  los que habría dado todo. La Doncella de Orleans, natural de la región de Lorena fue  valiente, vigorosa y de una gran fe. De repente no se le ocurrieron muchos personajes que fueran mujeres salvo Isabel la Católica y Juana la Loca  y eso le quemaba la piel. Porque estaba de acuerdo con las modelos de este episodio en que ante semejante pregunta, no es muy desafortunado mencionar a la madre de cada cual, que por derecho propio es una auténtica heroína. Y es que estaba convencida de  que detrás de cualquier hombre grande, casi siempre,  hay una brillante mujer.
Ahora pasados los años, se  identificaba con el Ingenioso Hidalgo, porque  ella,  veía príncipes donde solo figuraban  molinos de viento y aunque en su imaginación nada sabía tan dulce como tu boca, donde parecía estar Dulcinea del Toboso  solo existía la chusmera Aldonza Lorenzo, estrella que te concedo.

Por eso es una tropelía, que tú,  fingido  príncipe, tengas la poca exquisitez  de descalificar a esas hermosas mujeres por no haber tenido la suerte de nacer en un sistema donde la cultura sea un abundante bien de consumo. Ellas han nacido guapas, como tú has nacido principito y nadie te descalifica por ello, digo yo.
Acto seguido enfádate y bórrame del mapa.

A pesar de estos  despropósitos, todavía quedan restos del naufragio y  tus sonidos llenan las  horas tristes del invierno. Todavía  no sé si llegarás a ser  historia  puesto que rompes todos mis esquemas, no confiesas ni una pena, no dices  nada a cambio y escasamente das señales de vida. Simplemente, en algún sitio, estás.

¿Vamos al mundo real, al de las tres dimensiones  o seguimos en el sueño?  Cada  puesta de sol  lío con tu alma un enredo que me pueda arropar, si me encuentra desesperada el amanecer. Lío telarañas que enmarañan mi razón; porque te quiero mucho, y es, sin ton  ni son. Cada día lío un nudo de dos lazos, uno para el amor y  otro para la fantasía,  que me atan a tu pecho, amor.
Lío con los  brazos  un mundo  de  pasiones y es que tantas veces me quitas la pena,  como otras tantas, es amargo este dolor. Un minuto, mil años, ayer, ahora mismo, hay muy pocas verdades  absolutas, sólo hay silencio y hay palabras. No te enfades corazón,  reflexiona antes de emitir juicios  porque tienes un principado que defender, el de mi imaginación.

No dice  que le guste que le  hayan roto el corazón, dice que sigue pensando en ti. Y si, como repetía  Sheldon Cooper, la locura es  hacer siempre lo mismo e intentar obtener resultados diferentes, entonces, va a dejar de buscarte porque lo que le pertenece, seguro, llegará.

Desde esa infinitesimal porción de tiempo en que, estoy segura, nuestras almas han coincidido, me he ataviado con una  máscara de desconocida excéntrica y estrambótica para paliar el efecto que tu indiferencia deja en mi ego, y después de este destierro  me pregunto,  para que te  quiero, si no haces falta. Aunque  por otro lado, perdiendo mi pasión ¿de dónde surgirá la devoción?


Dedicado a todas las mujeres de este mundo porque son el origen de la vida y el principio del amor.
La belleza de cualquier clase, en su manifestación suprema, excita inevitablemente el alma. 
Edgar Allan Poe. ¿Alguien se atrevería a negar que esta niña tenga genes de los MURA?

LA OSCURIDAD

Es cierto  que de  la noche fluyen singulares frecuencias que subyugan mi entendimiento y  en esa agitación de emociones pienso que,  uno de los pocos misterios por resolver sería discernir el por qué mi corazón no podrá olvidarte.
Regalad una sonrisa. Recordad al mundo como se sueña. 
No quiero volver a ti, ni que vuelvas a mi, esa premisa ya está aceptada. Quiero sentir lo que sentía cuando te tenía.

Las mentes más proliferas y menos tradicionales  son más asequibles  al desaliento y a ciertos desordenes de ideas. Entonces acuden en mi ayuda algunos nombres, entre los que vislumbro a  Edgar Allan Poe, Paul Verlaine, Manly P. Hall, Arthur Rimbaud, y algún otro, de los llamados poetas malditos, todos ellos poseedores de una psique ávida  y afanosa, merecedora de la condición de hijos de la noche.
Esta noche saco a pasear mis emociones, escondidas del sol tras la muralla de la normalidad que late emblemática en toda vida,  y que recoge el legado de las culturas que me han influido; aunque queden rincones en los que el tiempo parece haberse detenido dejándome contemplar la asombrosa decoración de mis sueños, para ti. Un prodigio de delicadeza y fantasía. Aún puedo palpar el hechizo del escenario, porque lo he llenado de leyenda, una leyenda que custodia en su seno toda la magia y la poesía de tu ser. Soy consciente de que estoy en la sombra de la realidad, lo que llamamos oscuridad de la noche, donde  lejos y cerca son una misma sinfonía, ¿alguien se atrevería a asegurarme que  aquí, no existes?
Ando en estas horas brujas, sumida en la luna, atenta al viento y espectadora de las estrellas. Avanzo y avanzo entre las páginas, jugando con pasos lentos e inquietos. Un poco de luz, un poco de sombra y de pronto había creado una historia. Pero qué lejos te encontrabas y que despacio se acortaba la distancia entre nosotros.  
Desde aquí tengo  fácil acceso a ese rincón del alma donde guardo la pena que  dejo tu adiós. Ese lugar  dónde se aburre aquel poema que el amor sugirió; dónde  faltan  tú presencia, tu cara, y esas palabras que se llevó el tiempo. Aunque también guardo  todos los te quiero que no te he dicho, los besos que no te he dado  y  los fracasos que la vida me ofreció. Estoy  empezando a entender  que en el devenir de la existencia unas veces se gana  y otras veces se aprende, y por momentos me asalta la idea de condenar al silencio todo el dolor, buscar consuelo para el espíritu, y reencontrar la chispa que enciende la imaginación. Parece imposible, pero tampoco esta noche escucharé tu voz.
Para cuando te hablen de amor y te ofrezcan un mundo  y el cielo entero; entonces acuérdate de mí, pero como dice Chavela, no me menciones, porque vas a sentir amor del bueno. Y si quieren saber de tu vida, no les cuentes ninguna mentira, di que vienes en un mundo exquisito en las formas,  las cuales predominan sobre las emociones; que no entiendes de amor, y que nunca has amado.

Parece claro que  en lo más profundo de mi persona no se han solventado,  todavía, alguno de los abandonos a mi fantasía. Quiero seguir hacia adelante en ese estado de ensueño que separa la ilusión de la realidad  y aunque en ocasiones consigo discurrir en ese limbo, las circunstancias se imponen y a la imaginación se lo pones difícil. Al mundo le hablaré de tu amor, como  de un sueño majestuoso. No diré que tu adiós me volvió indolente. Contaré que no sé del dolor, que triunfe en el amor y que poco he llorado.

El abandono de los que te quieren infinito y te dejan, no le he superado. El olvido de los que te dejan porque nunca te han querido, ese, solamente lo he podido arrinconar. Pero no os equivoquéis, estoy dando gracias constantemente a la tan manida Ley de Vida,  tengo buen aspecto y una existencia normal.
El reflejo del sol se cuela entre el verde espesor de   los árboles e ilumina un ángulo de tu cara, un ángulo dulce; mientras, sigo conduciendo por la tortuosa carretera que nos lleva a casa. Corre  septiembre de mil novecientos noventa  ¿O será   febrero de dos mil quince? No lo sé. Sólo sé que te sigo llevando a mi lado,  que Mari la mer nos acompaña, que  a  tus pies las algas tiemblan de luz; y  que al sonreír, en  tu mirar, de nuevo,  amanece el sol.

Deseo que tu mano me guíe cuando esté en la oscuridad y no sé de  dónde surge el poder, si de la sangre o del destino. Lo seguro es que ahí está, y mueve mis dedos en busca de  paz para el corazón.




Deseo que tu mano me guíe, cuando esté en la oscuridad. Foto de José Ramón Viejo Saez