Lo dice Paula


¡la mejor pasta del mundo!

Todo se acaba, hoy es el colegio, dentro de nada será la universidad, pero lo que nunca se va a acabar es la amistad.
A pesar de que no todos hemos empezado en el colegio con tres años, la sensación de abandonarlo, te hace replantearte si no has vivido una vida entera en él.
Podría empezar desde el primer día, pero no acabaría nunca, así que empezaré por lo que a mi juicio, considero que han sido los dos mejores años de mi vida, y si es así, es por vosotros.
Primero de bachiller, ya empezamos a coger caminos separados: biosanitario, letras, técnico, pero que a la vez se unen en una experiencia inolvidable, el camino de Santiago. Cien kilómetros más en nuestras vidas, pero unos kilómetros especiales. En estos viajes es donde verdaderamente empiezas a conocer a la gente, y a conocerte a ti mismo, porque tal vez tengamos que perdernos para alcanzar destinos inalcanzables o en nuestro caso para conocer realmente a gente que resultaba desconocida para ti.
Pero todo camino llega a su fin, y este no iba a ser menos, aunque el final fue duro, es una de esas experiencias que quedan para siempre.
Después llego la semana blanca, algunos fueron más listos que otros y tuvieron la suerte de convivir durante una semana en el ambiente idílico de la montaña y la nieve. A otros, nos tocó quedar en el cole.
El final del año se acercaba, veíamos a los compañeros de un año más acabando su etapa, cerrando una puerta, para abrir una ventana. Pero, lo que no sabíamos es que el tiempo pasaría tan rápido para nosotros. Fiesta de fin de curso, duro trabajo de organización y dos días de trasiego. Pero el objetivo merecía la pena. Nuestra amada Italia nos esperaba, y así, sin darnos, cuenta pasamos a estar en segundo de bachillerato, a las cinco de la madrugada en la plaza de América cogiendo el autobús en dirección a la felicidad, algo parecido a un lugar más allá del arcoíris.
Miles de kilómetros, risas, complicidad y enfados (la convivencia es muy dura). Pero ante todo, una familia. Primer destino todavía en tierras españolas, primera noche, que como era de esperar, no defraudo. Mónaco, San Remo, Pisa, Nápoles, Roma, Siena, Florencia, Venecia, Milán lugares que tiene la mitad de mi corazón, y supongo que la mitad de muchos otros. Pero, si algún día pasáis por allí y los veis, no los cojáis. Tener la mitad del corazón en Italia es simplemente fabuloso.
Pero aún mejores fueron las risas y la convivencia con esas personas que a partir de ese momento dejan de ser simplemente amigos o profesores y se convierten en familia. Qué decir de Luis y Vigil, compañeros de viaje siempre en nuestras memorias. Pero como ya he dicho antes, todo se acaba, en Italia sigue brillando el sol de una manera especial, pero ahora, es turno de que lo disfruten otros. Entre lágrimas una despedida, pero todas sabemos que es un ``hasta pronto´´ porque Italia volverá a disfrutar de nuestra sonrisa, aunque ya no será la misma que teníamos entonces, en palabras de una persona a la que quiero mucho:" puede que volvamos a Roma, pero nunca juntos, y esa idea peregrina convierte ese momento en magia pura".
A pesar de haber vuelto a la normalidad la relación ya no es la misma, son familia.
Parecía que el momento no llegaría nunca, pero hoy es el día de abandonar nuestra segunda casa, nuestra segunda familia.
Para llegar hasta donde estamos han sido necesarias muchas horas de estudio entre las matemáticas de don Luis, la filosofía de don Juan y el librito blanco de ``jistory´´de don Eduardo, la economía de la señorita Irene, y el inglés de Katheryn y Joanna, sin olvidarnos de nunca de  don Lorenzo y la biología de don Fernando, en el mundo de la literatura, la sintaxis y la morfología de la señorita María, que siempre tiene su despacho abierto para guardar las lagrimas de los que lloramos con facilidad, y como no, las infinitas visitas al despacho de educación física, que se convirtió en nuestra segunda clase: a pesar de que teníamos las visitas prohibidas nos resultaba imposible pasar un día sin ver a Roger, Alex, Alberto, Pancho y Ana. Tampoco se olvidan el pelo recogido, el polo por dentro, la barba afeitada y la falda por la rodilla, ordenes que surgían en el momento en el que alguna de estas cosas estaba fuera de su sitio.
Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo, pero no os preocupéis, la vida sigue vayamos donde vayamos, esto acaba de empezar.
Y por las personas que dejáis atrás, tampoco os preocupéis, si son importantes, siempre van a estar ahí, y si no, debéis volver a Italia a buscar vuestro corazón, porque la mitad con la que os habéis quedado, ha muerto.

Despedida ¡Quee pena!

¡Adiós colegio!

Pauli