LA MÁQUINA DEL TIEMPO

Existen personas que te ayudan a escribir tu  vida. Una de esas personas incuestionables en mi historia personal es la tía Luz. Mujer de su tiempo y superviviente en el  nuestro, ha sido siempre un alma entregada a la familia, organizada, cariñosa y buena, lo que no le ha impedido decirnos las cosas como eran  y enseñarnos a armonizar lo que queríamos con lo que realmente debíamos de hacer. Nos ha educado en la idea de que el amor es un acto de libertad  porque no puedes obligar a nadie a quererte. Y estamos de acuerdo con la novelista inglesa Jane Howard cuando dice: Llámalo clan, llámalo red, llámalo tribu, llámalo familia, como quiera que sea, necesitas uno.
Ojalá sepas que el futuro ya tiene recuerdos.
La foto de la venerable ABUELA de NAVIA.
 

A día de hoy, la abuela de Navia, nos permite conservar el pasado y recordar las raíces. También gracias a ella, el otro fin de semana hemos vuelto a sentirnos niñas.
Prometieron agua, pero ni con esas consiguieron estropear la solemnidad de la noche juntas. Asomadas a la ventana veíamos volver el mundo de nuestra infancia, mientras la pelirroja me contagiaba su entusiasmo por la vida y la abuela, con su sola presencia, le daba empaque al momento. Las casa en que vivimos parte de nuestra juventud nos habita a todos, y si le vuelves a dar la oportunidad, entonces, al llegar las horas brujas de la noche, recobra su magia y te inunda la sensación de viajar en la máquina del tiempo. Todas nuestras inquietudes divinas y humanas se pasearon por la vivienda de la venerable mujer, mientras yo, envuelta en una manta de cuadros verde y un café, te escuchaba embelesada, relatar. Por mi parte intentaba convencerte de que los sueños se cumplen.

Nunca nos habíamos sentido en desventaja; especiales sí, claro, y con la piel demasiado llena de pecas, pero nunca en desventaja; no mientras viviéramos  rodeadas de nuestra familia entre aquel mar y las suaves montañas. Entonces pensamos que tal  vez hacerse mayor no tenía que ver con  cumplir años  y si con la obligación de dejar cosas atrás. Mientras disfrutábamos del tiempo juntas, la abuela nos miraba desde su sillón favorito en el salón de la casa  y aquellos ojos azules no dejaban de ir de la una a la otra con gratitud. Hay ciertos momentos que tienen una magia especial  y debemos de atraparla antes de que se vaya volando.

Las montañas daban cabida a casas pintadas  de blanco con tejados negros, que se extendían por sus laderas  o se agarraban  a la costa con dedos de cuerda.
Quería a la abuela por una razón más profunda de lo normal y esa razón estaba conectada con las mareas  que subían y bajaban;  con el olor a salitre y con lo mucho que ella había sabido cuidar de mi corazón durante toda la vida. Parecía como si este amor hubiera nacido conmigo, como si hubiera ido afianzándose  mientras yo corría o mientras miraba, sin pestañear, la espuma que hacían las olas del mar. Sabía que era un amor incondicional  y dejaría una estela, como una corriente tardía en la superficie del agua que dibuja curvas sutiles, ordenadas y profundas, que nunca acabarían. Ni aun cuando ya no estuviéramos juntas la estela de ese amor desaparecería.

Como no podía ser de otra forma, el domingo salimos cogidas del brazo mientras me contaba historias. La iglesia nos esperaba como siempre expectante, llena de recuerdos y música. Al tiempo que rezaba a su lado sentí una extraña oleada de emoción, la necesidad de algo que siempre se me escapaba en aquel lugar sagrado  y a la vez, la certeza de pertenecer a una familia.  Cuando salimos me senté en una piedra y eleve la cara buscando el sol. Ella permanecía de pie mirando a la gente. Guardaba  silencio y tenía paz.

Aquí siempre me reencuentro con mi esencia y contigo;  además como te he dicho, el resultado de esta aventura es que hemos vuelto a sentirnos jóvenes por un momento; pero la vida es eso que pasa sin pedirte permiso, así que lo mejor de habernos subido a esta máquina del tiempo es tener conciencia de que debemos de aprovechar cada momento como viene, por lo menos con la abuela. No concedamos al tiempo más ventajas de las que ya posee.

Seguro que el mar se revolvía gris, agitado y salpicado de espuma blanca por culpa del viento errante. Lo podía imaginar desde la ventana de la cocina, mientras la lluvia repiqueteaba en el tejado de la casa de Venancio.  Era consciente de necesitar aquel paisaje de mar revuelto y nordeste. Alejarme de allí me privaba de la parte de mí que me convertía en quien era. Por eso, desde mi entorno más preciado, debo de decirte que ojalá escuches mi voz cada tarde cuando estés triste y no pronuncias ni una palabra; ojalá sientas mi amor cada que vez pienses que la vida tiene un final. Ojalá  sepas que el futuro ya tiene recuerdos, y ojalá yo siga repitiendo que te adoro como para recordarte cada atardecer.
Aquí siempre me reencuentro con mi esencia y contigo.
La foto cortesía de
IGNACIO MARTÍNEZ SUÁREZ.

                                                               Ana García de Loza.


RESUMIR, QUE NO RESUMIENDO

Tiempo de silencio para resumir.

Deberíais de entender a los docentes, porque incluso a aquellos a los que les gusta su trabajo, y aparte de enseñar una materia concreta ayudan en el proceso de formación como persona a muchas generaciones, incluso esos, necesitan calma. Excusadnos cuando pedimos tiempo de silencio. Te aseguro que de vez en cuando precisamos descansar la cabeza.
"Queremos disfrutar del tiempo que nos ha tocado vivir y
llenarlo de historias" La foto de CHARO, PILI y MERCE.
De ahí que empiece las vacaciones  con una alegría: la de viajar, con la conducción ligera que me caracteriza, para compartir un café con amigas. Y lo mismo que esa ligereza conduciendo, de la que hablamos, no es leyenda urbana, sino que se encuentra avalada por suficientes documentos fotográficos, esas amigas, son mis amigas de siempre, y esto último lo avala que hago los más de doscientos kilómetros de ida y vuelta que nos separan, sin pestañear, por un café en su compañía.
Esas amigas lo mismo establecen un sistema de rescate para la política putrefacta del país, que te dan una charla sobre los correctos usos literarios, e  incluso si las apuras mucho, sientan cátedra sobre los motivos de la decadencia de los humanos,  pues sí señores, estas son mis compañeras; unos preciados ejemplares que sobre todo me hacen reír, y con las que siempre puedo dejar libre a mi yo autentico.
¡Que buenos ratos! Ellas pintan Navia  de Navidad; le dan al paso de los años un tinte de entusiasmo socarrón y juntas no podemos dejar de recordar a la admirable Fernán Caballero que también, como nosotras, cultivó lo pintoresco del carácter costumbrista y decía aquello de: Mis críticas son ligeras y sin hiel, porque no la hay en mi corazón, y la detesto en literatura.

En estas andábamos cuando llegamos a la conclusión de que necesitamos pocas cosas para ser felices, pero las que necesitamos tienen que ser buenas. También hubo consenso en que nuestra soberanía como mujeres está basada en la independencia económica, y esa no se la regalamos a nadie. El conocimiento y una economía personal saneada nos dan pasaje  hacia esa libertad, que a todas las féminas de mi generación nos ha costado mucho conseguir, por ello no queremos olvidar de dónde venimos, ni dejar de recordar todo lo que hemos conseguido.

El agua arrecia contra los cristales de la puerta del jardín y la luz del frío y de la lluvia nos permiten apreciar la maravilla de no tener que salir a la calle, aunque debo de reconocer que el frío no me gusta demasiado, motivo por el cual, pocas veces consigo encontrarle encanto; y la Natividad del Señor como fiesta, en esta cabeza, ha pasado por todas las fases que tiene que pasar en una persona de mi edad y condición, para llegar en el día de hoy a ser una época llena de paz, tranquilidad, cafés con los amigos y cine, mucho cine, ya sabes que siempre que puedo, francés.

Cada año busco una manera de felicitarte que no resulte aburrida ni sobreusada, así que, al cabo, espero por las buenas fotos de mis respetados venecianos, que no dejan de sorprenderme pque si disfrutan como enclave diario de aquella ciudad, no lo tienen difícil; digo el sorprenderme.

Pienso que lo que hacemos por los demás de forma desinteresada, es lo que realmente nos define como personas y da sentido a nuestra vida, pero si lo que se demanda en estas fechas es resumir, entonces, solo tenemos que ser conscientes de que el tiempo es lo que más rápido pasa aunque algunos están esperando a mañana para ser felices, otros se sientan a mirar el discurrir de la existencia, y los menos, disfrutan cada día como si fuera el último. Y, desde luego, todos hacemos esas tres cosas según en qué momento.

Vale la pena este tiempo de calma, sobre todo si tenemos en cuenta el poder de las emociones, pero a veces para sentir esas esquivas emociones hay que encontrar el silencio; con la ausencia de ruido, y en este cálido cobijo del frío invierno es cuando notamos claramente el legado de mucha gente,…de tanta gente, que conmueve. Pero no pretendo el regreso de los que se fueron, solo deseo sentir lo que sentía cuando ellos estaban. Por eso insisto en deciros que el olvido es una triste forma de barbarie. No quiero olvidarme de nadie que haya sido importante en mi existencia; ni quiero quejarme de lo que no tengo, ni crear dramas donde no existen; lo que yo deseo es vivir la vida con pasión, con sonrisas y con generosidad. Quiero disfrutar este tiempo que me ha tocado y llenarlo de historias, decir lo que pienso, escribir lo que siento, pedir perdón  y perdonar, pero sobre todo quiero dar los miles de abrazos que me faltan por dar y entregar todos los besos que tienen nombre propio.

Intuimos que del hecho de honrar y cuidar las cosas pequeñas, nacen las cosas grandes, así que un poco de tiempo al lado de estas mujeres genera endorfinas para el alma. Mi infancia está impregnada de recuerdos suyos, como su adolescencia lo está de los míos; la edad adulta tuvo a bien regalarnos un poco de sentido común, y seguimos agradeciendo a los cielos que el tiempo no nos haya separado. Charo de Grabiel, Pili de Rogelia y Merceditas de Jesús, gracias por estar cerca de mi desde que me alcanza la memoria. Queridas siempre, deseo que rememorar juntas nos conquiste el corazón y construyamos un puente que nos permita trascender con la vida pque sólo el buen corazón, los buenos recuerdos y las ganas de vivir podrán salvarnos del tedio y la apatía que a veces desprenden las paradojas de la existencia, y aunque hay muchas cosas que me aburren; los sentimientos nunca. Ni los perros.

Resumir significa deciros a todos los que me queréis bien que es un lujo teneros en mi vida, y recordaros a los que me queréis menos, que si estáis aquí, por algo será.

Resumir significa que, como bien sabes: Si no fuera voz de ti, sería sólo silencio.
 
¡Venecia siempre, siempre me enamora!


                                                                                       Ana García de Loza

EL SEXTO SENTIDO

Dicen con buen criterio que quien tiene un amigo tiene una fortuna. Soy Ana de las mil historias y nunca he visto  con tanta claridad como ahora mismo, que  recordar es el sexto sentido; ese sentido que todos tenemos, y que algunos desarrollamos más que otros; pues bien escribir es un vicio  que consolida ese sexto sentido y que te llega a agotar. 
Dicen con buen criterio que quien tiene un amigo tiene una fortuna.
La foto de dos buenos amigos Mateo Buylla y Miguel Teijelo.
¡ Guapos mis chicos!
Al llegar la salón abrí las cortinas, encendí la chimenea y me dispuse  a escribir sentada en mi sillón favorito y mirando por la ventana como anochecía. En la ciudad, las luces de las casas se van encendiendo, es como si las ventanas se hicieran guiños unas a otras para compadrear en esa hora tan bruja, que a mí siempre me pareció la hora de encender las luces en las casas. Este es el momento en que revivo lo vivido ayer y lo plasmo en el papel. Todo encaja. Todo tiene sentido y por eso puedo decir con certeza, que te echo de menos.

Nací dotada de paciencia, pero de una paciencia selectiva que me hace cuestionarme, a menudo, por qué espero tanto de algunas situaciones, sabiendo como sé, que la alegría y la tristeza viajan en el mismo tren. Y recurro a las emociones para embellecer mi vida, entonces le hablo a la tierra, al cielo y a los colores del atardecer, a los hombres y mujeres de mis antepasados, a los que ya no están, y  a ti que no escuchas nada de lo que te digo, ni entiendes nada de lo que escribo. Pero como el tiempo, tampoco, me enseña a olvidar,  me pregunto si alguna vez te enterarás de lo que tuve que sufrir para contarle a una hoja en blanco mi verdad. Empiezo a escribir y todo se coloca en su sitio, pero regresa la inquietud que a veces me acompaña cuando no hablas, y las palabras se envuelven en esa extraña urgencia que es la vida, y  me arañan la conciencia mientras dudo entre lo que quiero y lo que puedo decir. Cuando eso sucede, lo que digo no vale nada y esta disfrazado de lo que puedo decir. El caso es que sigo necesitando expresarme pque, a estas alturas, tengo claro que el olvido es una forma tan triste de barbarie como el silencio.

Este día que empezó, como casi todos, con el ladrido de los perros de algún viandante al lado de la casa, está llegando a su fin, y cuando miro el portón de hierro del lugar donde habito, desde dentro, su aspecto me hace pensar en un mundo maravilloso en el que estoy presente; en cambio cuando lo miro desde fuera me parece que ese mundo de maravillas no es para mí. Lo mismo ocurre contigo. Cuando te miro desde dentro eres de mis sueños; pero cuando te miro desde fuera no tienes nada que ver conmigo. Pero aun sabiéndolo, a menudo, me quedo mirando el portón cerrado, como si de esta contemplación esperase obtener soluciones. Sugiere esto la dualidad en que, con periódica frecuencia, me debato: por un lado la sensibilidad de mi imaginación que genera situaciones sorprendentes; y por otro lado, la solución racional que puede aportar la realidad y que genera soledades.

Dicen con buen criterio que quien tiene un amigo tiene una fortuna. Me arreglo contenta. Salgo a la calle y me congelo pero sigue dando igual; un corto viaje en volandas de la fantasía; un café con confidencias, que poco cambian pero, que son nuestras; aplaudir a uno amigos entre risas y música. Ya de vuelta, cenita tranquila en el mismo lugar de siempre, Oviedo para la eternidad ¿Y al final en qué queda? Maravillosa tarde de chicas. Pque las tardes de chicas no tienen edad. Complicidad e idealismos propios son sus rasgos característicos y cualquier enfrentamiento con la realidad inmediata  ponen en danza  el compañerismo y el afecto.

Sigo pensando que una amiga es ante todo, una sensación que te coge las entrañas y que te ayuda a conservar ese sexto sentido.

El olvido es una forma de barbarie tan triste como el silencio.



                                                                                                                                     Ana García de Loza




ALMA ERRANTE

De mi infancia y juventud en Loza no recuerdo calabazas, ni fanfarrias, ni alboroto en la noche de Las Ánimas; pero lo que si recuerdo con respeto y bastante miedo son las historias del tío Manuel. De estas historias tengo muchas para contaros pero no me atrevería a relatártelas a ti a solas, Isabel, ni en la casa de la abuela, ni mucho menos entrada la noche.
De estas historias tengo muchas, pero no
me atrevería a contártelas ni en casa de la abuela, ni
mucho menos entrada la noche.

Si vamos a contar una historia contémosla bien. La primera vez que tuve conocimiento de las ánimas tenía pocos años, no sé exactamente cuántos, pque aun teniendo buena memoria, solo recuerdo que por aquella época era mi costumbre limpiarme la cara en la manga del jersey. En la cocina de leña alrededor de la cual estaba con todos mis primos, los grandes y los menos grandes, escuchando las historias del tío Manuel, hacía calorcito y algo pasaba cuando el hombre hablaba que yo me arrebujaba contra quien estuviese a mi lado. -La historia-, decía el tío con aquella voz ronca y poderosa que te atrapaba, - esta historia empezó cuando un día de invierno viniendo yo de jugar la partida de casa de Jesús- uno de los dos lugares de reunión que había en el pueblo, - en aquella ocasión era más de la media noche y estaba el camino muy oscuro, entonces cuando llegué a la altura del Parapeto, un obelisco de piedra cercano a la casa, desde la distancia vi una cosa brillar en el suelo. Al principio no pensé en nada, pero según me iba acercando me di cuenta de que era una corona de muerto rodeada de un halo refulgente. Sin  darle mucha importancia me agaché para cogerla y la corona se desplazó hacia adelante. Coño- pensé- que raro, algo me sentó mal.
-Esto que cuentas no es verdad,- farfulló, con más miedo que otra cosa, su hijo pequeño- El hombre lo miró serio y continuó sin contestarle.- Me volví a acercar y lo intenté de nuevo pero la corona se volvió a escapar. Entonces me asuste de verdad pque  las flores de muerto iban avanzando justo delante de mí, hasta que  desaparecieron al llegar a la Portalada. Así que entré en la casa lo más rápido que pude, y no pasé ni por la cocina, subí al dormitorio y se lo conté a Nati, que extrañamente también aquel día permanecía despierta.- Y continuaba su diatriba- En aquella época en la casona, a donde me trasladé después de mi matrimonio, vivía mucha gente: los padres de mi mujer, sus cinco hermanas solteras y Teresa, una  anciana, hermana de mi suegro con intensos ojos verdes, que gozaba de buena salud.
Sucedió que a los dos días escasos de aquella, mi visión extraordinaria, sin motivo aparente y sin previo aviso murió Teresa. Como sabéis en los años cincuenta, los muertos se velaban en casa. Impactada por aquel suceso inesperado, mi mujer me dijo en un aparte: Manuel igual lo que viste el otro día fue el ánima de Teresa que te venía a avisar- Yo, quitándole hierro al asunto y para que no se asustase le dije- No te preocupes, debió de ser que me desorienté al salir del calor y en contraste con el frío de la noche, seguro que lo soñé- Aunque ella no quedó muy convencida, no volvió a mencionar el tema, más con los preparativos del entierro y toda la gente viniendo a casa a honrar a la muerta, no volvimos tras de la historia.

La jornada trascurrió triste y sin poder parar de tramitar situaciones que me correspondían como hombre de la casa. Pero el día pasó, como pasan todos, y llegó la temida noche en la que, solo, quedé a velar al cadáver. El féretro, que íbamos a pagar con sacrificio, estaba situado en el centro de la sala; una estancia grande con suelo de madera, que crujía bajo el peso de cualquiera que la atravesase. En el silencio de la noche, la luz mortecina y parpadeante que alumbraba a la muerta daba un aire más lúgubre al entorno. Pasada la media noche y con la boca seca de rezar, me senté en la silla de madera, que para la ocasión habíamos subido de la cocina, y me recosté buscando un poco de paz. Entonces y ante mi total asombro ¿podéis imaginar lo que vi a los pies del ataúd de Teresa? …Pues sí, la misma corona que me asustó pasando por el Parapeto, pero a diferencia de la otra vez, en esta ocasión no me atreví ni a moverme; me limite a iniciar de nuevo los rezos y a vigilar las flores por el rabillo del ojo. La corona estuvo presente durante más de una hora, y doy fe que en ese rato, Teresa, tenía una sonrisa dibujada en la cara.

Podéis creerlo o no,-decía el tío Manuel- pero yo lo vi con estos ojos que se ha de comer la tierra y os digo que debéis de ser buenos pque aparte de un cuerpo físico, todos tenemos un alma inmortal que nos acompaña, y vigila todas nuestras acciones mientras estamos vivos.

Ánima significa alma en latín. Las figuras ánima son fantasías revestidas de necesidades y experiencias de naturaleza emocional.  El término alma se refiere a una entidad inmaterial que poseen los seres vivos. Recuerdo muchas historias de ánimas y de ánimas del purgatorio y si en un primer contacto con su existencia me producían miedo y angustia hasta el punto que cuando volvía a casa no podía dormir sola; según fue pasando el tiempo esas ánimas, o esos espíritus, me han ido resultando familiares y hasta he llegado a creer que tienen un encanto especial, que saben cosas que los humanos desconocemos y por algún extraño motivo, su sola presencia aporta sufrimientos con valor de redención.
Despertaba el día, /y a su albor primero/con sus mil ruidos/despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste/de vida y misterio,/de luz y tinieblas,/yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos/se quedan los muertos!! G.A.B.

SOÑANDO JUNTOS

PARA LA PROMOCIÓN 2003/ 2018


La cordura es una mentira desgarradora que a veces querríamos transformar en un sueño. Muy lejos de esa cordura cabalgan los sentimientos llenos de verdad y de emoción, pero en esta sociedad en la que vivimos asustan más los sentimientos intensos que los idiotas. Entonces, y después de haber perdido, yo, el miedo a quedar como una idiota, paseo mi dignidad por el bulevar de los sueños rotos.

Pero no hay que alarmarse, he comprobado con cierta satisfacción que mi amor por Véneto sigue intacto. Venga por lo que venga; piense lo que piense y sienta lo que sienta, Venecia siempre me enamora. ¡Es tan diferente a todo!
GRAZIE  MILLE
Resulta agradable observarla sin esa dulce angustia de esperarte; y pasearla sin ese lastre que condicionaba todas las emociones, enfocándolas siempre a la posibilidad de tu amistad. Sentirla con esta ligereza de conciencia sigue siendo adictivo. Aun con los pies en la tierra y recogiendo la realidad a puñados, te prometo que si vienes aquí, la magia te envolverá.
Decía Napoleón que el salón más bello de Europa era la Plaza de San Marcos; yo no pretendo ser emperador, pero tampoco quiero ser turista. No tengo el corazón fácil y abomino respirar finitud bajo este cielo,…aquí no, porque lo que yo deseo es ser su aire; necesito ser su alma y aspiro, además, a trascender a la existencia impregnada del encanto bizantino de la ciudad.

Sabemos que la vida cotidiana es un mosaico de cosas prosaicas y de realidades, a veces lacerantes, sin embargo, intuimos que Venecia está hecha de sueños. Todos estos sueños se los ofrezco a mis niños de la mejor forma que sé hacerlo. A esos muchachos que me han escoltado por media Italia recordándome el valor de la amistad y del buen humor. A esa generación que enardece el compañerismo, que quiere una España unida y un amigo para siempre. Mis ilusiones para esta promoción del dos mil tres/ dos mil dieciocho porque ellos saben a silencio y a fantasía; a momentos de ternura y a una vida por vivir. A mis queridos alumnos para que, como bien dice Machado, sean de los que hacen camino al andar. Para todos y cada uno de ellos con el deseo de que las ganas de soñar les duren tanto como la vida.

Porque como os decía: puede que volváis a Italia pero seguro que no iréis con barba roja por el carril tranvía; ni os volveréis locos buscando una sobrecamisa; ni por supuesto tendréis a Roger, a Lorenzo ni a LA MII NEENA para cuidaros. Puede que volváis a Italia, pero nunca juntos, y esa circunstancia convierte este viaje en magia pura.

Gracias chicos, habéis construído un sueño para el recuerdo, de donde sólo había realidad.

PD: Me muero de amor por vosotros.


 
Con el deseo de que las ganas de soñar os duren tanto como la vida.



PROPÓSITO DE ENMIENDA

La frustración de un mundo que endiosa la superficialidad solo puede contrarrestarse llenándonos las manos de tierra para  buscar lo bueno, y comprometiéndonos con nuestra existencia. Pero en ese compromiso con la existencia y para buscar lo auténtico, a veces, me salto los códigos de la ética y vivo presa de la imaginación.  Andando en esas lides, elaboro mi propio código de conducta en el que dejo constancia de un compromiso con mis ideas, y contemplo solo de soslayo lo que me rodea; entonces las más sencillas normas de buen proceder quedan ninguneadas; mi viejo caballo de batalla.
Y al  cometer ignominia contra esas normas de buena educación, ofendo a los unos, y en el mejor de los casos, asusto a los otros.
Cuando la imaginación toma el mando,
la realidad tiene poco que hacer.

Si añadimos a esto, que en  no pocas ocasiones adolezco de la facultad de la reflexión, el asunto se enreda. Dicen que cada historia tiene su sitio y su momento, por eso tal vez, esta semana  y para solventar mis desafortunadas actuaciones, han llegado hasta mí las sabias palabras de una persona que, desde el cariño, me colocó enfrente de la realidad.

Una cosa es contarlo  y otra muy diferente, topárselo de cara. Cuando me vi allí, frente a los descalabros que pudo haber causado la naturalidad unida a la falta de reflexión, se paró el mundo. Si llevada por impulsos, siempre sinceros, pero eternamente desconcertantes, he ofendido, asustado o molestado, entonces, algo estoy haciendo mal. En ese momento justo, no antes ni después, las consecuencias de mis actos tomaron las dimensiones de  aquel Cíclope, hijo de Urano y Gea, con un solo ojo en la frente, feo, ridículo y que nada tenía que ver con mis intenciones. Pero ahí estaba, el muy estúpido, y no sabía cómo desaparecerlo.

Pque pensar por alto que  tus  actos tienen consecuencias, todos lo hacemos. Otra cosa  diferente es  que en el fragor de la vida diaria  y envueltas  de cotidianeidad  haya cosas que no parecen tan malas. Insisto, cuando  la imaginación toma el mando,  la realidad tiene poco que hacer, pero  vivimos en un mundo en el que ser diferente no suele ser bueno.

Así que desde aquí  me arrepiento de haber sido demasiado intensa, y me comprometo a no enviar más cartas desbordantes de luminaria, no más alusiones; no más presencias en la niebla, pque  el egoísmo daña y la sinceridad desgarradora asusta, aunque como el Haka en los maorís, vinculada con mis raíces y mi patrimonio ancestral está la pura sinceridad. Haciendo gala de esta última, ofrezco a todos los ofendidos mi propósito de enmienda.

Ha quedado claro que los detalles importan, y si pasamos millones de días corriendo tras de algo que no podemos tener, y aceptamos lo que tenemos como premio de consolación, entonces, vuelvo a decir: algo estamos haciendo mal.

¡Gracias pepito grillo, eres un solete!

Y cuando el error se hace colectivo, adquiere la fuerza de una verdad. Gustave Le Bonn.



LA INUTILIDAD DE MALQUERER


De alguna manera lo que ella imagina acaba desplazando a la realidad al hacer verdaderas las mentiras de su fantasía. Aunque el mundo nos haya ofendido, y a pesar de la  buena música aquella noche, tú y yo, amiga, hemos decidido no aborrecer a nadie porque si quieres ser feliz un día, véngate; si quieres ser feliz siempre, perdona;  y si quieres un consejo no pedido, olvida. Ya sé que las emociones están para sentirlas pero tampoco la decepción que surge del desencanto y la frustración debe de dominarnos. 
Sueño y observo; blasfemo y reniego.

Conozco a una persona  que está enamorada pero no cree en los cuentos de hadas, así que lógicamente, se enamoró de un filósofo. Y volviendo a aquella noche, resultó entretenida porque entre nosotras surgió un trueque intelectual; yo te regalé frases inéditas de mi imaginación  y tú me obsequiaste  con expresiones de tu querido filósofo.


Malquerer  podría significar no ser conscientes de la fuerza que corre por nuestras venas. Pero quien esté libre de ese pecado que tire la primera piedra, y existen ocasiones en la vida de todo individuo en las que malquieres a algún semejante, y no por nada que te deba, sino porque la persona elegida no está a la altura de lo que esperas de ella. Probablemente  la culpa sea tuya por esperar de la gente cosas que la gente no te va a dar, y no deberías de llegar al límite de la paciencia para buscar el momento de reflexionar. Pero recuerda: para la salud del alma solo puedes filosofar.

Echemos un vistazo al mundo que nos rodea: continuamente nos enfrentamos a historias de odio; las vemos, las escuchamos y en el peor de los casos hasta las sentimos en propia piel. Odiar tiene consecuencias negativas de inimaginable magnitud. La admiración o la amistad por alguien provocan emociones tan intensas que al ser dañadas necesitan sustituirse por otras igual de potentes para no desmoronarnos. Es sorprendente descubrir que el circuito del odio produce actividad en dos zonas de la subcorteza cerebral el putamen y la ínsula que curiosamente también se activan cuando se está enamorado, aunque después un sentimiento y el otro, tomen caminos diferentes. 
Dado que ambos tienen un componente irracional, ni el amor ni el desamor están siempre legitimados, pero la amistad sí. Y esta nuestra amistad entiende las realidades y respeta las fantasías, pero como estoy enfadada, tu presencia me reconforta. Estoy enfadada con la imaginación por proporcionarme billete para un mundo diferente, y dejarme al final, a las puertas de palacio blasfemando contra el mundo y renegando contra las entelequias que me perturban, y a la vez me permiten flotar en espacios diferentes a los que en realidad habito. Sueño y observo; blasfemo y reniego, pero tengo la idea de que el resentimiento es un amor mal gestionado, tan inútil para recuperar lo que perdimos como para conseguir lo que no tenemos, y no soy proclive a sentirlo; seguro habré aborrecido a alguna persona pero no el tiempo suficiente como para recordarlo ahora. Entiendo que sería mucho más práctico estar enamorada de la realidad que fantasear; aun así, sigue siendo una necedad malquerer.  

El verano se ha acabado y no ha tenido lugar esa magnánima conversación por la que llevo esperando durante meses de quimera sin fin, pero he oído que la velada de los ególatras ha abierto sus puertas a todos los estamentos sociales, cosa que te honra, aun así, yo, la gitana, tengo que seguir imaginando lo que ocurre detrás de esos inasequibles muros mientras la química de los sentimientos sigue inexorable su camino hacia la perfección que da  el no esperar nada, y sin embargo da vueltas. Quedó corroborado aquella noche que muchas historias están en la mente de quien las imagina o en la pluma de quien las escribe, así que cuando pases por el inevitable trance de malquerer a alguien que te ignominia deberías de hacerlo en compañía de un corazón amigo. Transitar por todos estos sentimientos juntas; reír, escuchar buena música y darle un repaso a la malcreída, alta sociedad, es siempre divertido contigo. Respirar complicidad y saborear una charla fácil, hasta bien entrada la madrugada, es permitirnos el lujo de sentir a borbotones y de cultivar nuestras inquietudes. Pasar una velada con  una amiga en estas condiciones, supone disfrutar del privilegio de seguir siendo las personas que un día fuimos.

Si amar y odiar son sensaciones tan próximas; si el odio solo engendra más odio; si el amor puede generar frustración, y si realmente todos y cada uno de nosotros somos un milagro, entonces, que cada lágrima derramada se convierta en un gesto de reconciliación contigo mismo para que puedas amar sin esperar nada a cambio, entender la inutilidad del malquerer, y llorar,… también de felicidad.
 
Cada uno de nosotros debería de tener un  creador de sueños. Old dream maker.