EL SENTIDO DE LA VIDA



Para que la respuesta sea adecuada, la pregunta deberá de ser la correcta.
¿Qué es la vida? Dice mi amiga, Virginia, que los únicos temas que interesan a la humanidad son el amor, el sexo y la muerte; por ese orden. Yo le doy la razón mientras me pregunto cuál de los tres me atrae más; porque sabemos que todo el mundo pide la verdad pero muy pocos quieren pasar por el trance de decirla.
Debemos de dedicarle, a aquello que queremos de verdad,
el tiempo suficiente.

Así las cosas llegamos al final de la primavera y a ese mes de junio, que para nosotros los docentes, no tiene descanso. Y también en este momento quiero atravesar el viento y llegar al verano, a un café contigo, a tu reputada velada y a seguir buscando el sentido    de la vida; entonces alguien viene y me cuenta una historia; entiendo que para llevarme a su bando.
Pero curiosamente, y como una debilidad, debo decir que casi siempre tomo partido habiendo escuchado solo una de las partes de la historia; por eso el que me habla primero de su causa tiene más probabilidades de tenerme en sus filas porque también es cierto que cuando ya tengo una versión de los hechos carezco del interés suficiente, y a veces de la oportunidad, ni para contrastarlos ni para escuchar a la otra parte.

Creo sinceramente que es un buen momento para pensar en el sentido de la existencia     y para volver a confiar en la magia de los proyectos bien hechos: con tiempo, con tranquilidad, respetando su proceso y andando un camino. Dejemos de echar a los demás la culpa de nuestros fracasos y pongamos en orden nuestras prioridades. Debemos de dedicarle a aquello que queremos de verdad  el tiempo suficiente para que se convierta en parte de nosotros. Yo a ti, cielo, creo que te he contemplado el tiempo suficiente para recoger el fruto más exquisito que podía desear: tu amistad.
Y si no la puedo tener entonces hay que desdramatizar. Porque puedo seguir viviendo sin conseguir muchas de las cosas que deseo pero lo que no puedo es vivir sin ilusiones.  Si añadimos a esto que no me gustan las personas de poca fe, resulta fácil suponer que los que me rodean son, casi todos, personajes positivos, entrañables e imprescindibles en mi mundo: A los que quiero, cada día los quiero más; y a los que no quiero tanto, cada día los acepto mejor; así, como son.

Él me cuenta una historia y yo le cuento otra; entonces me pregunto, y deseo que la respuesta sea afirmativa, si para el hombre del que os voy a hablar a continuación, buscar el sentido de la vida también sería su salvación. La última vez que lo vi, en una mente sabia y en un rostro sin edad, curtido por el sol de la media Italia, mantenía viva la ternura de su alma incluso cuando hablaba de la mafia y de sus tejemanejes en el barrio de la Pigna, donde él vive. Las anécdotas que llegaron a mis oídos que sin ser ingenuos, son frágiles, me hicieron reflexionar sobre las tan variadas condiciones en las que se puede desenvolver el día a día de las personas y, entonces, llego al a conclusión de que algunos nos quejamos de vicio, como decía mi madre.

Tengo constancia de que a pesar de la vida, la gente seguirá teniendo ilusiones, añorando amigos y desoyendo verdades, pero yo doy un voto de confianza a lo que predica Dostoievski: Hay que amar la vida antes de amar su sentido porque tener ilusiones lo cura todo y te permite ser aceptablemente feliz en un mundo donde gobierna el caos. El hombre tierno de la media Italia del que hablábamos antes, es la prueba irrefutable de que puedes ser feliz en medio de las condiciones más adversas; y seguramente su devenir continuará tal cual está porque hay pocos momentos en nuestra existencia en los que no seamos cómplices de nuestra realidad.

Sin embargo vuelvo a preguntar: ¿Para qué estamos aquí? ¿Cuál es el propósito de nuestra vida?  Entonces un murmullo lejano me dice: hay que ser valiente para perseguir tus sueños pero necesitas más valor aun, para soñar. Me consuela saber que un escritor sigue siendo aquel que sueña aun sabiendo que hay un mundo diferente en el reverso de cada letra.
Este hermoso desastre me ha llamado la atención.

                                                                                     Ana García de Loza

PECADOS


Giraba el volante del coche, que discurría plácido por el trayecto desde  casa hasta donde vivía mi madre, mientras mis sentimientos fluctuaban entre la pena y la serenidad. La pena  de sentir como la enfermedad  se  afianzaba cada día más en ella,  y se agarraba a los pensamientos de la generosa mujer que fue para dejarla sin pasado y otorgarle únicamente un presente; presente  pecaminoso para los que la rodeaban.
Te echo de menos.

Y el pecado de esta gente vivía a flor de piel, en sus ojos, en sus almas y  en sus semblantes. Pecaban, por enfadarse si ella no quería hacer; por obligarla a comer cuando no le apetecía o por forzarla a pasear cuando la abuela siempre había tendido a la inactividad. Pecaban, por no tratar a aquellas mujeres mayores siempre con la misma paciencia; pecaban contra el corazón, contra el amor al prójimo y contra su propia conciencia. Pecados, pecados y más pecados para unos humanos que no estaban libres de acabar igual que aquellas mujeres, con el paso de un puñado no muy grande de años.
Pero ¿quién estaba libre de no haber cometido ese pecado alguna vez en la vida? ¿De qué estamos hablando? ¿No me sentía yo igual de pecadora por tenerla allí?

A aquella hora estaban plácidamente sentadas en la acogedora sala de estar. La abracé al llegar; tenía una carita dulce y sus grandes ojos verdes me miraban con amor. -Cuéntame lo que has hecho hoy- Le decía mientras paseaba mi vista, a través de los cristales, por aquella tierra asturiana, pétrea y llena de grises fantasmas de lluvia, que suspiraban. El tiempo pasaba mientras yo hablaba sin parar; hablaba, contaba y cantaba para mi madre aunque daba igual lo que dijera, ella  nunca se acordaba  de casi nada.
Pero con la necesidad de tenerla en este mundo, yo, guardaba un as en la manga: inundar su entorno con las notas del viejo piano que dormitaba tranquilo en la esquina más tierna de la habitación. De forma prodigiosa aquellas melodías siempre la acercaban a mí y a su vida pasada; y al obrarse esa magia, sentíamos tanto deleite como siente el pájaro cuando se lanza al vacío, y sabíamos que la música formaba parte de lo que éramos, al igual que el vuelo formaba parte del pájaro.
Yo también sabía que el amor y la amistad nos brindan el placer  de compartir y de ser generosos con las personas que queremos, con las que no queremos y con las que en este momento están a nuestro lado; por eso es un pecado  no dar  amor incondicional a quién está  cerca de ti. Eres responsable del trozo de mundo que ocupas. No seas ingrato. No cometas el pecado de no demostrar a tus padres que los quieres; no vaya a ser que pasado mañana no te conozcan y los abrace un extraño. No cometas el pecado de criar a tus hijos sin cariño y sin normas claras; no vaya a ser que mañana te gruñan en vez de hablarte. No cometas el pecado de no amar las cosas que te rodean; no vaya a ser que mañana te quedes sin recuerdos y tu vida se convierta en un sinsentido.

La serenidad  habita en mi alma de  hija porque mi madre come con pausas y olvidos, pero come; porque pasea con las mismas pocas ganas de siempre, pero pasea y  sobre todo porque sonríe y está tranquila. Y me pregunto que poblará  las mentes humanas que cometen el pecado de no demostrar el amor.

De regreso a casa, aquel día de invierno, y pasando por la parte alta de la ciudad, donde ella vivía, mi corazón herido, buscaba consuelo en el paisaje a la vez que necesitaba la paz de aquel emblemático monte Naranco; entonces recordé a la tierna mujer que  siempre me había abrazado. Y aunque este texto fue escrito hace muchos años,  estaré eternamente agradecida porque mi madre, aun sin recordar quien era yo, recordaba que me amaba. Además, y por si a alguien sirviera de consuelo, creo firmemente que nadie está muerto mientras alguien lo eche de menos. 

Te hecho de menos.

                               Que tous tes désirs se réalisent. Joyeux anniversaire!

                                                                                     
P.D: Queridos amigos: El próximo miércoles, 30 de mayo, a las 19.00 horas, en el Club de prensa de la Nueva España de Oviedo, tendré el placer de presentaros mi segunda novela, Los cuatro segundos. Me encantará veros allí.
                                                                                      Ana García de Loza.

EL CÍRCULO










                            EL CÍRCULO: contra la línea recta.
                            Mejor diríamos: Vivir es ver volver. Azorín.
                            En grado sumo, eres la vida sin tiempo:
                            en silencio, como la primavera, recoges el color 

                               y lo mimas, lo cuidas y proteges: esa flor, 
                               gozo de los sentidos, un regalo que es retorno,
                              siempre, y aliciente que fue y será, por ti,
                              alma del vivir que es volver: un reto. Que no se rompe
                              y resiste, como el brocal, a la muerte y la finitud 
                              que rondan contra tu eternidad. Siempre abril
                              o los días y las marcas en piedra del reloj, 
                             nos haces, contra la línea, hacia el mar, 
                             el mástil de Odiseo que salvó con sus gritos
                             y miedos, la necesidad de Ítaca como el imán
                             que busca su partenaire. Allí un aroma suyo
                             hizo de Argos, su fiel, un final para empezar
                            y seguir , en Penélope, como nosotros, 
                            el amor que tiñe el espacio de tu corazón.
                                                                                         José Fernández.



ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO


En memoria de mi padre 

A veces, la idea de morir rondaba mi cabeza; ¿cómo sería ese momento?. Pero según  me hacía mayor, pensaba en la muerte con más tranquilidad. Había leído en algún sitio que la mayoría de las personas cuando saben que les llega el final, lo asumen con entereza. Así que no estaba muy asustado.
Sólo sabemos que la madre de mi padre era pelirroja.
¿Cuál de ellas sería?
Foto  de Cultura Inquieta. 

Sin apenas notarlo, acababa de morir. Entonces entendí la existencia de reglas no escritas para afrontar ese momento con integridad. Me encontraba ligero y a mi lado apareció alguien que siempre había sido parte de mí; creo que como mi conciencia. Era como yo, pero más  liviano. Nos dimos un abrazo de complicidad en el que no sentí su cuerpo pero noté su ternura. Mi familia se revolvía intranquila y no podía decirles que, yo, estaba bien.
No quería marchar sin despedirme; aun así empecé alejarme.

Había una extraña intimidad en eso de seguir el mismo camino que aquel sujeto hecho de humo que iba a mi lado. Me comentó que yo había sido buena gente como humano y por eso, tenía un billete para ocupar, durante toda la eternidad, un lugar lleno de paz y de armonía.- Y además, añadió-: Antes de irte definitivamente, tendrás la ventura de regresar al lugar que quieras, y en el momento que desees, de tu vida.

Al oír esto se me vino a la memoria mi infancia tardía. Pensé en aquel marzo triste en el que mi madre, también, murió; once años después de abandonarnos mi padre. Pasé la  infancia en aquel caserón de pueblo donde creció mi soledad de huérfano, al lado de una de mis  hermanas.
A pesar de ser un pueblo, la casa poseía abolengo. Tenía altos techos y amplias estancias; aunque la pieza más transitada era la cocina, con su enorme planchón, atizado con leña, encima del cual siempre hervía una cazuela llena de café. Recordé aquellas tardes tan iguales unas a otras. Trabajábamos todo el día en las tierras esperando la hora de la siesta que era estupenda. En esa hora mágica, mi amigo Murias y yo, leíamos novelas del oeste tumbados en la hierba seca del pajar y soñábamos con un mundo mejor. 
La tía Regina, que hizo de madre tierna, nos llevaba as mellores manzás del horta, y nos avisaba de que el descanso había tocado a su fin. Ella también trabajaba el campo como una matriarca entregada. Nos cuidaba lo mejor que sabía y nunca nos hizo sentir, ni a Pilar ni a mí como una carga, a pesar de ser huérfanos; hijos de su cuñada la pelirroja. La misma tía Regina que me apoyaba para que no faltase a la escuela nocturna, nos protegía si alguna de nuestras tareas rutinarias no estaba acabada a tiempo.

Yo solía pasarme las noches en actitud de leer y soñar. Y de aquellos sueños, surgieron las inquietudes; hasta que un día, mi amigo y yo, decidimos emigrar en busca de nuestro futuro.
Después de las largas noches elaborando fantasías se me cerraban los ojos. Parece que cuando los abrí había pasado la vida. Y si se mira con cierta buena voluntad, fue una vida agradable: como un cuadro de Canaletto.

Pero en aquella época, yo, cuando sufría algún contratiempo enfilaba el largo pasillo acabado en una escalera, no muy estrecha y de madera carcomida, que llevaba al desván. Subía desaforado los escalones, algunos de dos en dos, sabiendo que al final de aquel ascenso encontraba la calma. La escalera era empinada y su último peldaño llegaba, sin descansillo, hasta la puerta del desván. Allí me sentaba, pegado al marco de madera, a escuchar no sabía qué. A veces, me parecía oír algo detrás de aquella puerta. En más de una ocasión creí sentir nítidamente la presencia de alguien, pero nunca traspasé aquel umbral porque la puerta siempre estaba cerrada con llave. Al principio la empujaba con toda mi alma, pero con el tiempo me acostumbre a sentarme allí a esperar. No sabía qué, pero esperaba en calma.

Así que mi último deseo recién muerto, fue atravesar aquella puerta detrás de la que tenía pendiente una cita y no sabía con quién. Esto ocurriría antes de irme definitivamente hacia la luz.
En cuanto expresé mi deseo, entramos en la casa. Allí seguía la mesa de madera de la cocina, alumbrada con una luz mortecina y tintineante; también vi el banco donde nos sentábamos a merendar. Y el aparador pegado a la pared, con media hogaza de pan de maíz tapada con un rodillo, y las migas sobrantes desperdigadas. Avanzamos hasta el final del pasillo y volví a oír el familiar reloj que tanto me impresionaba por el poder que tenía sobre el tiempo, con su tic tac impasible y frío.

Finalmente, y sin esfuerzo aparente, llegamos a la escalera del desván. Sentía que me flaqueaban las piernas aunque el hombre de humo me tocaba el brazo para animarme. Al llegar a la puerta del desván pensé si todavía seguiría cerrada con llave. Él, la empujó con suavidad y empezó a girar sobres sus bisagras. No me atrevía a entrar pero suavemente me invitó  a hacerlo y entré.
Entonces lo comprendí todo, porque detrás de aquella puerta, esperándome, estaba mi madre.
Detrás de aquella puerta, siempre había estado mi madre.
 
Y si se mira con cierta buena voluntad,
fue una vida agradable.

                                   Ana García de Loza.

LO QUE TENEMOS EN COMÚN


Amiga como soy de los matices y las gradaciones pienso que la expresión lo que tenemos en común posee quizás una raíz más profunda que su homónima lo que compartimos.
El semblante estúpido que se dibuja en tu rostro cuando te incomodan y no consideras oportuno replicar. El deseo de apurar la vida si alguien toca la tecla adecuada. La infinitud que sugiere el universo. El no querer que hablen mal de personas a las cuales apreciamos, aunque nosotros en alguna ocasión nos despachemos a gusto. Estas son algunas de las cosas que muchos humanos tenemos en común.
Lo que compartimos.
En este caso el orden de las ideas se invierte y la situación se enreda antes de empezar, pque, los mismos humanos de antes, siguen teniendo en común la capacidad  de negarse el permiso para decir lo que piensan y para escuchar la verdad. Tan seguro como el cambio, en la existencia, solo está el final. Pero el camino nos ofrece muchas oportunidades de zozobrar caer, perder, aprender y disfrutar también con las palabras.
Y si he aprendido algo en esta vida es que lo que no dices, te mata y se pierde; lo que no verbalizas, queda arrinconado y se olvida. Yo digo; siempre digo; no quiero olvidar nada. A veces algo de ti se cuela en mi mundo y me sorprende: el fugaz azul de unos ojos, el timbre de una voz o la silueta de un piano.

Digo y digo. Ajeno a la realidad de que te adoro por algún motivo que desconozco, me pregunto cuanto tiempo será necesario para que entiendas que el arte es más poderoso que la realidad, pues  el primero encumbra la vida y nos aproxima, y la segunda solo alcanza, como último fin, la destrucción de la imaginación. Concédeme al menos el beneficio de la duda. Otra cosa que une a los habitantes de la tierra son sus miserias. Y pienso como Nietzsche que la verdad es un enjambre de metáforas, una suma de decisiones humanas que fueron elevadas, extrapoladas, embellecidas poética y retóricamente y que después de un largo uso parecen al pueblo: firmes, canónicas y vinculantes. A pesar de lo deslumbrante de esta realidad impostada es preciso advertir que, en algún momento, la verdad indiscutible de hoy solo fue imaginación ayer.

Los docentes tenemos en común que cada día debemos de ser a la vez juez y parte de muchas situaciones lo que nos llevan a practicar la asertividad, el desapego y la solución eficaz con las palabras adecuadas. Pero no hay que alarmarse, a todo se aprende. Así que no nos engañemos, si algo se mantiene constante en tu vida es pque tú lo permites-seguía pensando-. Contigo, primo, tengo en común un abuelo caótico, y con ellas comparto charletas sin fin. ¿Quién no escribió un poema en pos de la libertad y cuál de nosotros no busca volver a vivir algo hurgando en los baúles del pasado? Creo que al final tenemos tantas cosas en común, los unos con los otros, que lo difícil es diferenciarnos pque aun siendo nosotros mismos, somos tremendamente predecibles.

Miro las casas lejanas descolgadas por la suave ladera de la montaña y después  le dedico una  caricia tierna a un Golden Retriever sentado a la puerta de la iglesia. La luz de la penumbra  empezaba a danzar sobre nuestras cabezas y resaltaba el contraste entre la piel blanca de mis manos y el pelo negro del animal, envolviéndonos al perro y a mí en luces y sombras. -A pesar de todo lo que compartimos ahora mismo los habitantes de este pueblo  dentro de unos años solo sobrevivirán los elementos de la naturaleza,  el mar, la tierra, el cielo y el espíritu humano. Y el amor -pensé- no hay que olvidar el amor.- Ante mi puntualización los pinos, que nos vigilaban con sigilo, se agitaron en un susurro.

Aun así resulta exquisito y a la vez perturbador compartir contigo, que no a tu lado, la música del universo, las múltiples formas de las palabras y alguna que otra vez un trozo de cielo. Las esquirlas de la magia que una vez surgió a mí alrededor, y que permanecen en mi estela desde hace tantos años, no han replegado las alas y todavía habitan mis silencios.

Sucede con nuestras pretensiones algo semejante a lo que ocurre en el reino de los astros: la luz de las estrellas más lejanas llega tardísimo a los hombres y antes de que haya llegado, niega el hombre, que allí haya estrellas. Así que amigos, los que me conocéis un poco sabéis que este blog es la antesala de todos mis proyectos, por eso y mientras cojo aire para soplar las velas, voy a pedir tres deseos. El segundo de ellos reza como la oportunidad de novelar la historia de algún personaje carismático; elige tú. Intentaremos que esa persona no muera nunca.

Y tal vez no sea aventurado insinuar que ahora mismo todos los asturianos tenemos una cosa en común: las ganas de que salga el sol y de que el sol caliente. ¡Por favor que llegue pronto la primavera!
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” San Mateo7:7

Como a todo, a pedir también se aprende. Es importante saber pedir.

Lo que tenemos en común. ¡Gracias por encontrar esta foto primo pequeño! Enhorabuena al fotógrafo.



                Ana García de Loza.

LA MÁQUINA DEL TIEMPO

Existen personas que te ayudan a escribir tu  vida. Una de esas personas incuestionables en mi historia personal es la tía Luz. Mujer de su tiempo y superviviente en el  nuestro, ha sido siempre un alma entregada a la familia, organizada, cariñosa y buena, lo que no le ha impedido decirnos las cosas como eran  y enseñarnos a armonizar lo que queríamos con lo que realmente debíamos de hacer. Nos ha educado en la idea de que el amor es un acto de libertad  porque no puedes obligar a nadie a quererte. Y estamos de acuerdo con la novelista inglesa Jane Howard cuando dice: Llámalo clan, llámalo red, llámalo tribu, llámalo familia, como quiera que sea, necesitas uno.
Ojalá sepas que el futuro ya tiene recuerdos.
La foto de la venerable ABUELA de NAVIA.
 

A día de hoy, la abuela de Navia, nos permite conservar el pasado y recordar las raíces. También gracias a ella, el otro fin de semana hemos vuelto a sentirnos niñas.
Prometieron agua, pero ni con esas consiguieron estropear la solemnidad de la noche juntas. Asomadas a la ventana veíamos volver el mundo de nuestra infancia, mientras la pelirroja me contagiaba su entusiasmo por la vida y la abuela, con su sola presencia, le daba empaque al momento. Las casa en que vivimos parte de nuestra juventud nos habita a todos, y si le vuelves a dar la oportunidad, entonces, al llegar las horas brujas de la noche, recobra su magia y te inunda la sensación de viajar en la máquina del tiempo. Todas nuestras inquietudes divinas y humanas se pasearon por la vivienda de la venerable mujer, mientras yo, envuelta en una manta de cuadros verde y un café, te escuchaba embelesada, relatar. Por mi parte intentaba convencerte de que los sueños se cumplen.

Nunca nos habíamos sentido en desventaja; especiales sí, claro, y con la piel demasiado llena de pecas, pero nunca en desventaja; no mientras viviéramos  rodeadas de nuestra familia entre aquel mar y las suaves montañas. Entonces pensamos que tal  vez hacerse mayor no tenía que ver con  cumplir años  y si con la obligación de dejar cosas atrás. Mientras disfrutábamos del tiempo juntas, la abuela nos miraba desde su sillón favorito en el salón de la casa  y aquellos ojos azules no dejaban de ir de la una a la otra con gratitud. Hay ciertos momentos que tienen una magia especial  y debemos de atraparla antes de que se vaya volando.

Las montañas daban cabida a casas pintadas  de blanco con tejados negros, que se extendían por sus laderas  o se agarraban  a la costa con dedos de cuerda.
Quería a la abuela por una razón más profunda de lo normal y esa razón estaba conectada con las mareas  que subían y bajaban;  con el olor a salitre y con lo mucho que ella había sabido cuidar de mi corazón durante toda la vida. Parecía como si este amor hubiera nacido conmigo, como si hubiera ido afianzándose  mientras yo corría o mientras miraba, sin pestañear, la espuma que hacían las olas del mar. Sabía que era un amor incondicional  y dejaría una estela, como una corriente tardía en la superficie del agua que dibuja curvas sutiles, ordenadas y profundas, que nunca acabarían. Ni aun cuando ya no estuviéramos juntas la estela de ese amor desaparecería.

Como no podía ser de otra forma, el domingo salimos cogidas del brazo mientras me contaba historias. La iglesia nos esperaba como siempre expectante, llena de recuerdos y música. Al tiempo que rezaba a su lado sentí una extraña oleada de emoción, la necesidad de algo que siempre se me escapaba en aquel lugar sagrado  y a la vez, la certeza de pertenecer a una familia.  Cuando salimos me senté en una piedra y eleve la cara buscando el sol. Ella permanecía de pie mirando a la gente. Guardaba  silencio y tenía paz.

Aquí siempre me reencuentro con mi esencia y contigo;  además como te he dicho, el resultado de esta aventura es que hemos vuelto a sentirnos jóvenes por un momento; pero la vida es eso que pasa sin pedirte permiso, así que lo mejor de habernos subido a esta máquina del tiempo es tener conciencia de que debemos de aprovechar cada momento como viene, por lo menos con la abuela. No concedamos al tiempo más ventajas de las que ya posee.

Seguro que el mar se revolvía gris, agitado y salpicado de espuma blanca por culpa del viento errante. Lo podía imaginar desde la ventana de la cocina, mientras la lluvia repiqueteaba en el tejado de la casa de Venancio.  Era consciente de necesitar aquel paisaje de mar revuelto y nordeste. Alejarme de allí me privaba de la parte de mí que me convertía en quien era. Por eso, desde mi entorno más preciado, debo de decirte que ojalá escuches mi voz cada tarde cuando estés triste y no pronuncias ni una palabra; ojalá sientas mi amor cada que vez pienses que la vida tiene un final. Ojalá  sepas que el futuro ya tiene recuerdos, y ojalá yo siga repitiendo que te adoro como para recordarte cada atardecer.
Aquí siempre me reencuentro con mi esencia y contigo.
La foto cortesía de
IGNACIO MARTÍNEZ SUÁREZ.

                                                               Ana García de Loza.


RESUMIR, QUE NO RESUMIENDO

Tiempo de silencio para resumir.

Deberíais de entender a los docentes, porque incluso a aquellos a los que les gusta su trabajo, y aparte de enseñar una materia concreta ayudan en el proceso de formación como persona a muchas generaciones, incluso esos, necesitan calma. Excusadnos cuando pedimos tiempo de silencio. Te aseguro que de vez en cuando precisamos descansar la cabeza.
"Queremos disfrutar del tiempo que nos ha tocado vivir y
llenarlo de historias" La foto de CHARO, PILI y MERCE.
De ahí que empiece las vacaciones  con una alegría: la de viajar, con la conducción ligera que me caracteriza, para compartir un café con amigas. Y lo mismo que esa ligereza conduciendo, de la que hablamos, no es leyenda urbana, sino que se encuentra avalada por suficientes documentos fotográficos, esas amigas, son mis amigas de siempre, y esto último lo avala que hago los más de doscientos kilómetros de ida y vuelta que nos separan, sin pestañear, por un café en su compañía.
Esas amigas lo mismo establecen un sistema de rescate para la política putrefacta del país, que te dan una charla sobre los correctos usos literarios, e  incluso si las apuras mucho, sientan cátedra sobre los motivos de la decadencia de los humanos,  pues sí señores, estas son mis compañeras; unos preciados ejemplares que sobre todo me hacen reír, y con las que siempre puedo dejar libre a mi yo autentico.
¡Que buenos ratos! Ellas pintan Navia  de Navidad; le dan al paso de los años un tinte de entusiasmo socarrón y juntas no podemos dejar de recordar a la admirable Fernán Caballero que también, como nosotras, cultivó lo pintoresco del carácter costumbrista y decía aquello de: Mis críticas son ligeras y sin hiel, porque no la hay en mi corazón, y la detesto en literatura.

En estas andábamos cuando llegamos a la conclusión de que necesitamos pocas cosas para ser felices, pero las que necesitamos tienen que ser buenas. También hubo consenso en que nuestra soberanía como mujeres está basada en la independencia económica, y esa no se la regalamos a nadie. El conocimiento y una economía personal saneada nos dan pasaje  hacia esa libertad, que a todas las féminas de mi generación nos ha costado mucho conseguir, por ello no queremos olvidar de dónde venimos, ni dejar de recordar todo lo que hemos conseguido.

El agua arrecia contra los cristales de la puerta del jardín y la luz del frío y de la lluvia nos permiten apreciar la maravilla de no tener que salir a la calle, aunque debo de reconocer que el frío no me gusta demasiado, motivo por el cual, pocas veces consigo encontrarle encanto; y la Natividad del Señor como fiesta, en esta cabeza, ha pasado por todas las fases que tiene que pasar en una persona de mi edad y condición, para llegar en el día de hoy a ser una época llena de paz, tranquilidad, cafés con los amigos y cine, mucho cine, ya sabes que siempre que puedo, francés.

Cada año busco una manera de felicitarte que no resulte aburrida ni sobreusada, así que, al cabo, espero por las buenas fotos de mis respetados venecianos, que no dejan de sorprenderme pque si disfrutan como enclave diario de aquella ciudad, no lo tienen difícil; digo el sorprenderme.

Pienso que lo que hacemos por los demás de forma desinteresada, es lo que realmente nos define como personas y da sentido a nuestra vida, pero si lo que se demanda en estas fechas es resumir, entonces, solo tenemos que ser conscientes de que el tiempo es lo que más rápido pasa aunque algunos están esperando a mañana para ser felices, otros se sientan a mirar el discurrir de la existencia, y los menos, disfrutan cada día como si fuera el último. Y, desde luego, todos hacemos esas tres cosas según en qué momento.

Vale la pena este tiempo de calma, sobre todo si tenemos en cuenta el poder de las emociones, pero a veces para sentir esas esquivas emociones hay que encontrar el silencio; con la ausencia de ruido, y en este cálido cobijo del frío invierno es cuando notamos claramente el legado de mucha gente,…de tanta gente, que conmueve. Pero no pretendo el regreso de los que se fueron, solo deseo sentir lo que sentía cuando ellos estaban. Por eso insisto en deciros que el olvido es una triste forma de barbarie. No quiero olvidarme de nadie que haya sido importante en mi existencia; ni quiero quejarme de lo que no tengo, ni crear dramas donde no existen; lo que yo deseo es vivir la vida con pasión, con sonrisas y con generosidad. Quiero disfrutar este tiempo que me ha tocado y llenarlo de historias, decir lo que pienso, escribir lo que siento, pedir perdón  y perdonar, pero sobre todo quiero dar los miles de abrazos que me faltan por dar y entregar todos los besos que tienen nombre propio.

Intuimos que del hecho de honrar y cuidar las cosas pequeñas, nacen las cosas grandes, así que un poco de tiempo al lado de estas mujeres genera endorfinas para el alma. Mi infancia está impregnada de recuerdos suyos, como su adolescencia lo está de los míos; la edad adulta tuvo a bien regalarnos un poco de sentido común, y seguimos agradeciendo a los cielos que el tiempo no nos haya separado. Charo de Grabiel, Pili de Rogelia y Merceditas de Jesús, gracias por estar cerca de mi desde que me alcanza la memoria. Queridas siempre, deseo que rememorar juntas nos conquiste el corazón y construyamos un puente que nos permita trascender con la vida pque sólo el buen corazón, los buenos recuerdos y las ganas de vivir podrán salvarnos del tedio y la apatía que a veces desprenden las paradojas de la existencia, y aunque hay muchas cosas que me aburren; los sentimientos nunca. Ni los perros.

Resumir significa deciros a todos los que me queréis bien que es un lujo teneros en mi vida, y recordaros a los que me queréis menos, que si estáis aquí, por algo será.

Resumir significa que, como bien sabes: Si no fuera voz de ti, sería sólo silencio.
 
¡Venecia siempre, siempre me enamora!


                                                                                       Ana García de Loza